viernes santo en Castilla (Darío de Regoyos, 1904)

30 Març 2018


Ésta es una obra que ejemplifica bien a las claras el estilo y los intereses del pintor español Darío de Regoyos (1857-1913), un artista cuya trayectoria pictórica estuvo influenciado por las vanguardias europeas de su tiempo y al mismo tiempo se trata de un personaje profundamente español muy apegado a la tradición artística de su país. Por ello sus obras son una suma del Impresionismo, el Divisionismo e incluso el Expresionismo, y todo ello mezclado con un toque del tremendismo español propio de finales del siglo XIX.

Podemos dividir el cuadro en dos planos separados por el viaducto. En el primer plano se percibe el color ocre, preponderante. Deambulan en un camino sin pavimentar una cofradía de religiosos. En el segundo plano vemos un tren, adelantando del lado izquierdo hacia el derecho, pasando el puente. En el tren distinguimos la locomotora de vapor llevando atrás lo que parece ser un vagón de carga y otros vagones de pasajeros. El túnel tiene, seguramente, un valor alegórico; el paso del tren en un túnel remite a la entrada de la modernidad de España.

La cofradía de los religiosos alude al hecho de que se trata de Viernes Santo lo que viene confirmado por el título. Viernes Santo es el día de la pasión y de la muerte del Señor. De hecho, un ayuno pascual como signo exterior de su participación en su sacrificio, es decir, hay que mostrar el sufrimiento para arrepentirse. Todavía en el título, esta procesión del Viernes Santo ocurre en Castilla, lo que remite al símbolo de la unidad española, o diciéndolo de otro modo como Regoyos y otros intelectuales en aquella época (Antonio Machado, José Ortega y Gasset, Unamuno etc.) hacen referencia a la base rural española, no sólo por el pasado glorioso sino por el incomparable paisaje. Esto y la presencia de los monjes nos hacen una referencia tácita a lo que Unamuno llamó la Intrahistoria.

El otro tema importante en el cuadro es el tren. El ferrocarril, como fuente extraordinaria de progreso y comunicación, tenía por fuerza que ejercer una gran atracción para una mentalidad abierta y nómada como la de pintor. El tren simboliza un viaje hacia el optimismo.

La igualdad de los tamaños del tren y de la cofradía crea un equilibrio, una distribución de los cuerpos dentro del espacio de manera que conformen una armonía de conjunto.

Así que probablemente el pintor nos muestra aquí un cuadro de que se destacan los dos grandes elementos antitéticos al final del s. XIX, principio del XX que son los íconos de la tradición (representada por la cofradía) y de la modernidad (representada por el tren).


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