Sodoma y Gomorra (John Martin, 1852)

28 Abril 2018

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La pintura de John Martin, muestra la historia bíblica de la destrucción de las dos ciudades de Sodoma y Gomorra, que fue un castigo de Dios por el comportamiento amoral de sus habitantes. Se salvaron únicamente Lot y sus hijas. La mujer de Lot ignoró el mandato de Dios de no mirar hacia atrás, y se convirtió en una estatua de sal. El color rojo fuego es característico del autor en las dramáticas escenas de destrucción. La tormenta en forma de remolino que presenta el cielo era también una característica frecuente de sus pinturas.

Las pinturas de catástrofes bíblicas y destrucción elevaron a la popularidad a John Martin (1789–1854) en el panorama artístico del siglo XIX.

Pintor romántico y grabador inglés, célebre por sus melodramáticas escenas de acontecimientos catastróficos, repletas de figuras diminutas situadas en vastos escenarios arquitectónicos. Cautivó la imaginación del público con pinturas espectaculares como Josué ordenando al sol que se detenga, la obra que le hizo famoso, y en 1821 Lawrence se refería a él como “el pintor más popular del momento”.

Aunque sus inicios fueron difíciles, acabó consiguiendo una extraordinaria fama: la arquitectura ecléctica y grandilocuente que solía utilizar -una especie de mezcla egipcia, babilónica y griega-, fascinaba a sus contemporáneos. También sus efectos de luz, la vastedad de sus composiciones y la angustiante atmósfera producían en el público una sensación opresiva y abrumadora. Todo ello no hacía más que responder al clima social y cultural de la época: el ambiente revolucionario que se vivía en Europa, el nacimiento de la industria y el estricto orden social establecido, la explotación colonial y la esclavitud; la insalubridad de las ciudades y las diversas epidemias de cólera que tuvieron lugar en Inglaterra; todo ello unido a la superstición, al sentido de lo apocalíptico, al desastre, al gusto por la profecía y lo sobrenatural -eran muy famosos los espectáculos de fantasmagorías, donde los juegos de luces provocaban la aparición de espectros-. No es de extrañar, entonces, que las obras de John Martin tuvieran tanto éxito, porque respondían a las inquietudes de su tiempo.

No obstante, sus paisajes eran demasiado románticos para la élite victoriana; los paisajes grandiosos y extremos eran demasiado románticos para el esnobismo victoriano. Pero esa misma atmósfera teatral cautivó al público de su época, con admiradores notables como Charles Dickens y el Príncipe Alberto de Inglaterra, consorte de la reina Victoria. Fue un referente para los pioneros del cine, Cecil B. DeMille y D.W.Griffith. En “Calvary” (1840) reproduce en un tono fantasmagórico y desgarrador un paisaje bíblico crucial.

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