y parece tan larga la alambrada de espino


Observa cómo giran los dioses, los buitres y los dementes
bajo el silencio del planeta,
ese lugar donde la fiesta nunca acaba
y las serpentinas, intactas en mitad del baile, enhebran sus cuerpos.
Mañana seguiremos discutiendo con bocas ajenas.
Harán ceniceros con nuestros huesos.
Una rata disecada, nuestro cerebro y la etiqueta de un vino
ocuparán vitrinas cercanas en el museo de arqueología.

Cuerpos no, somos humo que camina lento por las avenidas,
alejándose de sí mismo:
cada uno con su uniforme de batalla,
con su oído dispuesto para escuchar al jefe,
con toda una moral suspendida en la cuchara.
Escucha la velocidad de la carne
que crece siempre hacia la putrefacción.

Y parece tan larga la alambrada de espino
cuando recorres, con pasos de escarabajo,
la ciudad detenida bajo el sol
entre un atasco y un epitafio.

Autor: Bruno Mesa

Fotografía de Hilario Barrero

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