huyendo de la crítica (Pere Borrell, 1874)


Uno de los trampantojos más populares de la historia del arte es “Huyendo de la crítica” del catalán Pere Borrell (1835-1910), donde un niño con mirada de locura quiere salir del cuadro antes de que las críticas lo destruyan.

Un marco dorado ficticio hace de frontera entre el mundo real y la pintura. Esto hace cuestionarnos varios dilemas teóricos y filosóficos sobre qué es la realidad, y al mismo tiempo, nos deleitamos con la exquisita técnica y el ingenioso efecto.

Un trampantojo (“trampa ante ojo”) o en francés trompe-l’œil, (“engaña el ojo”) es una técnica pictórica para engañar a la vista consiguiendo una especie de 3D mediante perspectivas, sombras, efectos ópticos y simulaciones. Con la pintura se consigue una sustitución de la realidad.

En Huyendo de la Crítica nos encontramos con una pintura en la que refleja a un muchacho vestido con harapos, que en cierta manera recuerda a esos niños mendigos y pobres que Murillo supo reflejar en sus obras.

El joven quiere salir del cuadro de una manera precipitada y agitada. Se agarra al marco ficticio del cuadro para poder impulsarse. En la rodilla aparece flexionada y en sus brazos se aprecia la fuerza del impulso. Su rostro es más que expresivo, parece desencajado, con los ojos y la boca abiertos presa del temor más absoluto. El niño huye de algo que no sabemos que es porque el fondo es neutro, oscuro y desconcertante. La obra intimida más al ver un marco tan realista y que el propio retratado sale de ella al ver que su pie, manos y cabeza ya se encuentran en otro plano externo al propio marco. E incluso, como si fuera El Grito de Munch, casi podemos oír las palpitaciones de su corazón, el respirar agitado o sentir el sudor de miedo y desesperación que representa.

Esta pintura inquieta bastante por dos motivos, en primer lugar por lo hiperrealista y en segundo lugar porque la propia imagen que fue pintada y enmarcada sale asustadiza de su propio marco y quiere saltar al vacío de nuestra realidad. Un marco inexistente como objeto real que no tendría sentido que lo tuviera porque perdería el engaño que pretende reflejar la obra.

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