Salomé (Federico Beltrán Masses, 1918)

federico-beltran-masses-salome-1918
“Es el desnudo más atrevido jamás pintado”, dijo la prensa inglesa en 1929.

Cuando la pintura fue exhibida en Londres la reacción que produjo fue un ultraje feroz. Los conservadores de la época consideraban a Salomé inmoral, tal como habían hecho la marca de la Maja Marquesa en 1915.

Un desgarrador dramatismo y dureza protagoniza esta obra: la bíblica Salomé, de una palidez extrema, con un aullido mudo escenifica el dolor y la desesperación ante la presencia de un esclavo que, en posición sumisa, le ofrece la cabeza de su querido Juan el Bautista. Una mujer rota ante la muerte de su amante; una cabeza en una bandeja… y lo que llamó la atención de la sociedad londinense del año 1929 fue que prácticamente el centro geométrico del cuadro lo preside un pubis femenino, sin vello, casi asexuado, infantil comparado con El origen del mundo, de Gustave Courbet.

A diferencia de aquellas pinturas donde las sombras nocturnas sorprendentes visten a sus súbditos, el artista ha exhibido la figura de Salomé casi que brilla intensamente contra las almohadillas verdes oscuras y rojizas, debajo de un cielo azul profundo iluminado por las estrellas. Las contorsiones escorzadas del cuerpo comunican el horror que los ojos cubiertos de la figura rechazan,

La Salomé de Beltrán hace de su heroína una mujer sensual, convulsa, histérica y sollozante, llena de horror y amor a la vez. Hay en ella una sensualidad tan densa, tan atormentada, tan violenta…

federico-beltran-masses-salome-1932En esta representación, una retrato posterior del mismo autor, una Salomé de exultante y felina belleza prácticamente monopoliza la atención con el brillo cálido de su piel desnuda, que irradia una tangible aura de sensualidad. Su figura emerge de unas sombras en las que se encuentra Juan el Bautista, que apenas hace patente su presencia enarbolando tímidamente una cruz. Salomé es la verdadera protagonista y, conocedora de su atractivo, exhibe su busto y su pubis incipiente, que amanece entre las telas. Pero la verdadera carga sexual se encuentra en su mirada, que rehúye el contacto visual con el espectador fijándose en una presencia indeterminada fuera del marco. Una mirada lasciva y enigmática a la vez, condescendiente y seductora; dueña y señora de la situación.

Els comentaris estan tancats.

%d bloggers like this: