Orfeo conduciendo a Eurídice fuera del infierno (Jean-Baptiste-Camille Corot, 1861)


Orfeo es hijo de Apolo, dios de la música y las artes, y de Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia, de quienes hereda de ellos el don de la música y la poesía. En el Tracia conoce a la ninfa del bosque Eurídice, de quien se enamora y con quien contrae matrimonio. Pese a vivir en la corte Eurídice sigue visitando el bosque. Allí muere y su esposo llora desconsolado. Decide ir al infierno, Hades, y traerla de vuelta.

Orfeo bordea el mar Jonio hasta llegar al río Estigia, donde Caronte y su barca esperan para llevar a los muertos al otro lado. Orfeo, que en su viaje sólo lleva su lira, toca el instrumento. Caronte, conmovido por la música, acepta llevar a Orfeo en su barca. Al otro lado está Cerberos, un perro de tres cabezas que también sucumbe a la música de la lira de Orfeo.

Finalmente, el héroe llega hasta la reina del infierno, Perséfone. Ella fija para el retorno de Eurídice una condición: si Orfeo se vuelve a mirar a su esposa antes de salir por completo del inframundo y llegar a la luz del día, Eurídice volverá al Hades, y para siempre.

Orfeo acepta y se reúne con Eurídice. Los dos afrontan su camino de salida del Hades, a través del lago Estigia y después un estrecho pasadizo que los lleva de nuevo a la tierra. Orfeo siente varias veces la tentación de girarse para comprobar si Eurídice le sigue o si Perséfone le ha engañado y quien va detrás de él es un demonio. Sin embargo, resiste, y cuando él ya está fuera del Hades, se gira a mirar a su esposa, pero a ella todavía le faltaba un paso para salir del inframundo y llegar a la luz del sol, y se desvanece ante el desesperado Orfeo.

Corot en su recreación omite cualquier referencia infernal y se centra en una composición poética. Al fondo, tras un riachuelo, medio ocultas por la niebla, alcanzamos a ver las almas melancólicas de muchos otros difuntos que no han tenido la suerte de tener un amante valeroso que se atreviese a ir hasta allí a buscarlas. Las hojas desdibujadas de los árboles que parecen agitarse con el viento son muy típicas de Corot, uno de los signos distintivos de su pintura. En primer término, Orfeo y Eurídice avanzan decididos hacia la salida, pero da la sensación de que el camino se les complica con esos troncos oscuros que parecen bloquearles el paso. Es la forma que tiene el artista de decirnos que Eurídice no logrará salir del mundo de los muertos.

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