Goya atendido por el doctor Arrieta (Goya, 1820)

12 Octubre 2018


“Goya atendido por el doctor Arrieta” (1820) es una pintura de Goya que podría considerarse un autorretrato a medias. El artista se retrata a sí mismo moribundo, pálido, con la boca entreabierta y la mirada extraviada; aunque aferrándose a la vida como a la blanca sábana que le cubre hasta la cintura.

En el retrato encontramos a Goya en la cama, sufriendo de dolor y malestar. Tiene la mirada perdida y la boca entreabierta como si le costara un tremendo esfuerzo respirar. Su piel es blanquecina, retocada con toques de gris mortecino, y su pelo también gris está revuelto. Lleva un batín grisáceo sobre el camisón blanco. Con sus manos débiles y vacilantes trata de cubrirse con la manta de la cama, de un vivo color rojo. El doctor Arrieta le ayuda a incorporarse mientras se coloca detrás de él y le acerca un vaso que contiene una sustancia rojiza. El médico lleva una chaqueta de intenso color verde, camisa blanca y pantalón negro.

El cuadro podría concebirse como una Piedad laica: en el lugar habitual de Jesús estaría un Goya moribundo, y el médico funcionaría como ángel protector. En el fondo aparecen unas mujeres que se confunden en la oscuridad y que se identifican con las deidades del destino, Las Parcas, que sujetan el hilo de la vida del moribundo pintor.

La aparición de estas figuras introduce una nueva dimensión en el cuadro. Mientras el autorretrato de Goya y el retrato de Arrieta son realistas, los misteriosos personajes del fondo, vagamente definidos, surgen del mundo de la fantasía y más en concreto, del de la pesadilla. La iluminación actúa de barrera entre uno y otro mundo ya que solo se alumbra el primer plano, dejando en penumbra el fondo. Estos aspectos imaginarios acercan la obra a las Pinturas negras, en las que quizás Goya ya había empezado a trabajar.

El cuadro refleja una temática muy característica del siglo XIX y la burguesía, de admiración por la ciencia. No hay en este caso una intervención cristiana o un milagro de la religión, sino una actuación cabal de la sabiduría y la medicina encarnada por el doctor Arrieta, retratado con humanidad pero no exento de firmeza en su oficio. Gran parte de la crítica interpreta este cuadro como un exvoto a su médico, el doctor Eugenio García Arrieta, en agradecimiento a la curación de la delicada enfermedad que padeció un Goya de setenta y tres años, con la que el pintor consideró —si aceptamos que la inscripción es autógrafa— que le había salvado la vida.


%d bloggers like this: