carpintería


En el cristal de los escaparates
que circundan la plaza se reflejan
las siluetas fugaces de dos hombres:
son padre e hijo y tú los reconoces
porque llegan del predio en sombra de tu historia.

La amanecida aturde los objetos
con su luz temblorosa. Es verano y caminan,
el paso decidido, por la acera.
El autobús se anuncia, con un sonido turbio,
al fondo de la calle.

“Vendrás conmigo a la carpintería,
manejarás las herramientas. Así se aprende
la densidad del hombre”.

Fue en el hombro del joven
donde buscó la mano de aquel viejo
la caricia negada tantas veces.

Sentí su gravidez llena de vida
como si el mundo, de pronto, me acogiera
y una niebla indecisa se posara en mis gafas
de turbio adolescente
y me hiciera más suyo: un ser complementario
prolongándolo.

Autor: Manuel Rico

Ilustración: Van Gogh, “Patio y lavandería del carpintero” (1882)

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