el drama (Raquel Forner, 1942)

18 Novembre 2018


“Necesito que mi pintura sea un eco dramático del momento que vivo”

En “El Drama” representa los males desencadenados por la guerra. Forma parte de un ciclo desarrollado en el transcurso de la II Guerra Mundial.

En esta obra Raquel Forner exterioriza los sentimientos del momento: dolor, impotencia, angustia, desazón y, sobre todo, drama. Una visión apocalíptica cuyos colores oscuros y sombríos fortalecen el mensaje.

En primer lugar, las manos agujereadas por un arma. Detrás, en el segundo plano, los muertos. Un árbol es todo el paisaje -el único-. Ramas y raíces se confunden. En ese árbol, hay en su tronco un hombre sin cabeza sentado muerto en la violencia del momento. Al fondo, dos ahorcados. La niña porta en la mano una paloma blanca muerta. Y los paracaidistas al fondo, vestigio de la destrucción y leitmotiv en la obra de Forner.

“Éxodo” (1940) es una obra dramática que se interroga sobre el sinsentido de la guerra. Fue pintada con motivo de la caída de Paris. Es una de las imágenes que la artista trazó en esos años crueles, de sangre, destrucción y lágrimas, con el propósito, según decía de “dar a mis cuadros algo más que una intención plástica” y de mantener la insoslayable unidad entre el arte y la vida.

En ella hay una mano, símbolo de todos los que sufren, es una mano que trata de dársela a quién está entristecido, dolido, por todo lo que ocurre a su alrededor. A lo lejos se ven los paracaidistas, símbolo de la destrucción, y también a las mujeres que imploran que termine lo antes posible tanta desdicha.

La mujer cuya figura ocupa la mayor parte de la tela, tiene una mirada de dolor y asombro y extiende una mano hacia otra mano herida que sale de la tierra.

Este personaje de mirada perdida, aparece como la estampa misma de los horrores de la contienda, que la artista expone alrededor: cadáveres, paracaidistas, mujeres llorando e invocando la liberación, y en un rincón la figura de la muerte envuelta en un manto oscuro y empuñando un arma.

En “La Caída” (1941) los paracaidistas siguen siendo su obsesión, porque detrás de ellos están los bombarderos que destruyen, que mutilan, que ensangrientan a los hombres, representados en la pintura por esas dos grandes manos heridas que están en primer plano.

En “Amanecer” (1944) enfrentamos uno de los momentos más extraordinarios de ese ciclo. En la zona inferior del cuadro la vida emana de las figuras de la muerte. La imagen central, la Humanidad, despliega el manto de la paz. En él pueden verse, en el centro, los campos segados. A un lado, la familia del artista, grupo que incluye en muchas de sus obras, ya que el artista significa para ella la esperanza de redención. La perspectiva se va escalonando. A la izquierda se ven las figuras de la muerte, el hambre (con el vientre vacío), la efigie del dictador, y la peste, cubierta con un lienzo rojo agitando un estandarte letal. En ese mismo sitio, los acantilados se orientan hacia un mar remoto.  A la derecha, los prisioneros, las víctimas, con las manos atadas. Detrás, los criminales de guerra caen en el abismo. Un ahorcado en el páramo, en el fondo, paracaidistas, símbolos de la agresión, que se hunden en un lago tenebroso. Espectáculo dantesco.


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