retrato de Jeanne Hébuterne (Modigliani, 1919)


Cuando Jeanne Hébuterne, el 25 de enero de 1920, se arrojó por la ventana no lo hizo para ir hacia el encuentro con la muerte sino que lo hizo para ir al encuentro con el amor. Cuando “Jeanne Hébuterne, embarazada de ocho meses, saltó por la ventana del quinto piso del departamento de sus padres, no saltó al vacío sino que saltó a la plenitud de la eternidad en el encuentro con Amadeo Modigliani. Cuando Jeanne Hébuterne Tellier, a los 21 años, decidió que el vacío era su mejor modo de hacer pie ante la eternidad se arrojó por la ventana. Cuando Jeanne Hébuterne decidió tirarse por la ventana del quinto piso de la casa de sus padres, embarazada de ocho meses y a los 21 años, algunas horas después de haber muerto, de meningitis tuberculosa, Amadeo Modigliani, su amor, Jeanne Hébuterne definió con extrema claridad cuál es el valor del amor y de la vida ante la minúscula muerte” (Patricio Raffo)

Modigliani conoció a Jeanne Hébuterne en abril de 1917 mientras ella estudiaba pintura en la Académie Colarossi. Jeanne tenía 19 años y era miembro de una familia burguesa que no vio con buenos ojos la relación de su hija con el bohemio artista, catorce años mayor que ella. La muchacha no dudó en renunciar a su relación familiar y se fue a vivir con Modigliani a un piso alquilado de la rue de la Grand Chaumière, compartiendo la miseria y las escasas alegrías que podía proporcionar el pintor. La invasión de París por las tropas alemanas en 1918 llevó a la pareja a Niza donde nacerá Jeanne, niña que Modigliani reconoció como suya, el 29 de noviembre. En julio del año siguiente Amedeo firma una promesa de matrimonio con Jeanne que de nuevo está embarazada. El pintor cae gravemente enfermo de tuberculosis a finales de año y el 24 de enero de 1920 fallece en la Charité de París. Jeanne no puede soportar su pérdida y se suicida al día siguiente.

Jeanne será una de las modelos favoritas del artista, posando para él en al menos veinticinco ocasiones. Los retratos y desnudos pintados por Modigliani, aparentemente tradicionales, están cargados de inquietud, de tensión interior y desasosiego. Y aunque los desnudos de sus amantes son lo más preciado de su producción se resistió a pintar a la mujer con la que eludió la boda desnuda. Lo hizo en innumerables ocasiones pero siempre vestida.

En este retrato de Jeanne Hébuterne la cabeza ovalada, los ojos almendrados y el cuello largo desvelan la influencia que ejercía el arte antiguo (sumerio, egipcio y griego) sobre Amedeo Modigliani. Igualmente era un conocedor profundo del arte de su país natal, Italia: una de las obras que se relaciona muy a menudo con sus retratos tardíos es la magnífica Virgen del cuello largo, del pintor manierista Italiano Parmigianino. La modelo y musa posa sentada, con la cabeza ligeramente inclinada y apoyada sobre un larguísimo y doblado dedo índice y con el brazo levantado haciendo visible el vello en las axilas.

Jeanne Hébuterne era una persona amable, tímida y callada, características que este retrato logra transmitir, pese a que los ojos, de color azul claro, sin iris ni pupila, marcan una clara distancia con el espectador. Solamente las ligeras pinceladas en tonos marrón y ocre que rodean los ojos consiguen que el azul plano se convierta en ligeramente modulado. La Jeanne real tenía unos ojos muy expresivos.

Las formas geométricas simplificadas que componen el fondo del cuadro, así como el sillón amarillo, son ejecutadas con pinceladas muy rápidas y caóticas, casi a modo de garabatos. Aun así muestran una mano muy segura, ya que las pinceladas nunca sobrepasan los contornos ni invaden la superficie destinada a otro color. En muchas zonas, muy especialmente en los bordes, el artista prefiere no cubrir con pintura todo el lienzo.A pesar de que los colores son suaves, crean grandes contrastes entre ellos. Así, el rojo de los pequeños labios resalta sobre la piel clara, o el pelo rojizo oscuro destaca frente a la blusa blanca.

El lienzo es encantadoramente voluptuoso en todos sus detalles, desde su largo rostro almendrado y enmarcado por su pelo caoba , que lleva suelto hasta su cuello de cisne, los hombros ligeramente caídos , los brazos estilizados y unas manos y unas muñecas exquisitamente femeninas.

Es especialmente cautivadora la posición de la mano izquierda, con el dedo flexionado hacía atrás y presionando con un aire interrogativo la mejilla. En términos formales este retrato es muy simple y consiste en una serie de curvas que se mueven entre sí, enfrentadas las unas a las otras . La curva ascendente de la enagua de Hébuterne da la vuelta por encima de los hombros y continúa por el borde descendente de la tela naranja que aparece a la derecha del cuadro . En contraposición, se advierte un movimiento serpenteante de la parte superior derecha de la figura que culmina en la inclinación del cuello y la cabeza de la mujer. Respecto a su cromatismo, la obra emplea sutiles tonalidades que derivan de la oposición complementaria del azul y el naranja.

Las obras de Modigliani adquirieron una mayor simplicidad y un nuevo lirismo a partir del momento en que el artista conoció a la hermosa estudiante de arte Jeanne Héburtene, que tenía diecinueve años. Parece ser que nunca se cansó de pintarla, a pesar de su precaria salud. Tomados en su conjunto, estos retratos captan todos sus estados de ánimo y se caracterizan por una nueva pincelada más delicada y unas formas más simples circunscritas por unas lineas que se curvan perezosamente. Pero este nuevo sentimiento no se limita a traducirse en los cuadros de su joven amante.


Ilustraciones: “Jeanne Hébuteme en suéter amarillo”, “Jeanne Hébuteme”, “Retrato de Jeanne Hebuterne”, “Retrato de Jeanne Hebuterne”, “La mujer del artista” y “Retrato de Jeanne Hébuterne con collar”.

Más información en:

http://www.entretantomagazine.com/2013/02/14/modigliani-y-jeanne-hebuterne/

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