la familia de saltimbanquis (Picasso, 1905)

31 Desembre 2018


La mayoría de los cuadros de la etapa rosa de Picasso representan a gente del circo. Su fuente de inspiración era el Circo Fernando, que para entonces había cambiado de dueño y se llamaba Circo Medrano, y que estaba muy cerca de su estudio de Montmartre. Picasso trata el tema de forma muy diferente a Degas o Toulouse-Lautrec. Mientras que ellos representaban el circo como espectáculo, desde el punto de vista del público que pagaba para entretenerse, Picasso se centra en la vida de estos artistas errantes, que pasaban penurias y vivían al margen de la sociedad. De algún modo, se sentía identificado con ellos.

En esta pintura, una de las más conocidas de esta etapa, representa a una familia de saltimbanquis, aunque la relación de parentesco entre ellos queda poco clara. La pintura de esta época, en la que predominan los tonos rosas, rojos y marrones cálidos, no es tan depresiva como la del periodo azul, pero sigue teniendo un aire melancólico. Las figuras de los saltimbanquis están aisladas en medio de un paisaje vacío, sin nada a su alrededor que les permita echar raíces. Al igual que les sucedía a Picasso y a sus amigos expatriados, solo se tienen los unos a los otros.

El motivo principal de este cuadro son los cuatro juglares masculinos, siendo uno de ellos el niño juglar, aunque ahora fuertemente modificado en la figura de una niña pequeña. Vemos el cuadro claramente dividido en dos partes: por un lado, la unidad familiar representada en los cinco miembros de la izquierda, y por otro, la solitaria joven de la derecha.

La aparente lógica de la composición queda totalmente desmontada en un primer análisis; los personajes se encuentran unos contra otros, en una composición equilibrada, donde cada personaje pareciera psicológicamente aislado de los demás y del espectador. De hecho las miradas no conversan ni convergen y parecen pensativos y absortos. El espíritu dominante es el de la introspección y la triste contemplación.

El arlequín y los dos niños del centro observan a la mujer sentada sola, mientras que este arlequín le da la mano a la niña del cesto de flores que mira hacia el suelo. En esas representaciones mudas, Picasso logra traducir el estilo de vida de los verdaderos saltimbanquis, pero también su melancolía aparente y la alienación colectiva del grupo.


necesitamos saber

30 Desembre 2018


Tú, yo, nosotros…

debemos tener algún mar
de piedra entre las venas,

alguna navaja clavada
en la memoria,
algún rayo de sol absurdo
iluminando nuestra nada

o, si no, explícame porqué
siempre se nos des-
hacen los sueños
entre los dedos.

Necesitamos
averiguar la razón
de tanto óxido, de tanto olvido,
amarilleándonos la mirada,
de tanta huida de

nosotros mismos.

Autor: Gustavo Vega

Publicado originalmente en:

http://www.gustavovega.com/www.gustavovega.com/Palabra_B_Sin_Titulo.html

Fotografía de Remus Tiplea


retrato de una familia (Frédéric Bazille, 1867)

29 Desembre 2018


Retrato de familia es una de las obras más conocidas del pintor impresionista. Bazille (1841- 1870) fue uno de los mejores retratistas de su época. Nacido en el seno de una familia de la alta burguesía sus primeros años se encaminaron hacia el estudio de la medicina. Con ese propósito se trasladó en 1862 a París; su amistad con pintores impresionistas como Monet, Manet o Renoir le llevaron a las bellas artes.

Retrato de familia conmemora la celebración de cumpleaños de Gaston Bazille, el padre del artista, que reunió a la familia para la ocasión el 27 de agosto de 1867. Bajo la sombra de un gran castaño representa a sus padres en un banco en la parte izquierda. En la terraza están también su tío Eugéne des Hours y su esposa, su prima Pauline junto a su esposo Émile Teulon y su hermano Marc junto a su esposa Suzanne y su prima Camille, de regreso de un paseo. El autor se autorretrató e incluyó en la composición posteriormente.

La obra es un fiel retrato de su familia pero también lo es de la sociedad burguesa del siglo XIX, Bazille ha representado con gran acierto la moda de la época destacando el detallismo en los vestidos de las damas completamente representados según la moda francesa.

Los personajes apenas establecen relación entre ellos aunque sí miran, en su mayoría, directamente al espectador, como si el artista hubiese captado en su obra un momento de ensoñación y relajación familiar. En lugar de parecer posar para la foto, los miembros de la familia Bazille parecen haber sido interrumpidos bruscamente, sorprendidos incluso. El retrato se ha llevado hasta el último extremo estando quizás más cercano a la fotografía que a la pintura.

En lugar de darse la vuelta, los miembros de la familia de Bazille se enfrentan al espectador y cada figura constituye un retrato individual. Las rígidas posturas de las figuras transmiten una sensación de desaprobación; todos son bastante rígidos y formales.

El estilo se ubica entre el realismo y el impresionismo.


la mística de la tristeza

28 Desembre 2018


Oigo la pesada luna aproximarse
Oigo al sonámbulo superficial,
Mi memoria afila los cuchillos
En la piedra de la memoria.
Cinco cuervos picotean las vacías cabezas de amapolas,
Su corona lleva una víbora
Y reposando en la oquedad del corazón
Las semillas llevan el sueño.
Los pequeños cuchillos cantan alegremente y armados:
Sacrificaremos la obesa luna,
Desnudaremos la serpiente insolente
Y limpiaremos el triste tazón.
Escucho caer la pesada luna,
Escucho el silbido de las delgadas criaturas,
Cinco bravías aves trasplantan
El corazón en la memoria.

Autor: Christina Lavant

Ilustración: Rosie Anne Prosser, “wind in the wires” (2011)


mientras tanto

27 Desembre 2018


Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.

Autor: Irene Gruss


cristo en casa de sus padres (Everett Millais, 1850)

25 Desembre 2018


En 1850 Millais presentó su obra más polémica, Cristo en casa de sus padres, donde representaba a la Sagrada Familia junto a Santa Ana, Juan el Bautista y un aprendiz de carpintero, en el taller de San José.

El centro de la composición lo forman el niño Jesús y María, destacando sobre el conjunto por sus ropas blancas. Al parecer Jesús estaba ayudando a su padre en las tareas de carpintería, pero se ha cortado en la palma de la mano con un clavo. Su madre acude a ver la herida y mima a su hijo con un beso. El paralelismo con la futura crucifixión es evidente, el clavo, el estigma de la mano, la sangre. Millais recrea la futura Pasión a través de una inocente y muy realista escena cotidiana en un taller de carpintero.

A la derecha de la escena, un jovencito algo mayor que Jesús, trae un cuenco de agua para lavar la herida. Aparece prácticamente desnudo, únicamente lleva una especie de calzones de piel basta atados con una simple cuerda. Esos dos elementos, el cuenco de agua y los calzones, presumiblemente de piel de camello, nos permiten identificarle como Juan el Bautista. Al igual que sucedía con el tema de la Pasión, Millais vuelve a jugar con los símbolos, y conecta la figura de Jesús con su futuro bautismo a manos precisamente de Juan el Bautista en el río Jordán. La relación es sutil pero clara, la escena sigue siendo sencilla y cotidiana, pero sus conexiones van mucho más allá.

Del otro lado de la mesa, el carpintero José deja sus labores para atender a su hijo y comprobar el corte de su mano. El pintor lo ha dibujado con un aspecto claramente más envejecido que el de María, como indican los evangelios. En busca del mayor realismo posible sus brazos están remangados para que comprobemos que son delgados pero fibrosos, como corresponde a una persona humilde y trabajadora que se gana la vida con la fuerza de sus manos. Al fondo del taller encontramos otro elemento simbólico, una paloma observa la escena desde una escalera colgada de la pared. Gracias a ella el Espíritu Santo hace acto de presencia.

Paralelamente a la figura de José, encontramos la figura de Ana, la madre de María y por tanto la abuela de Jesús. Millais la representa de forma tradicional, con el aspecto de una anciana y la cabeza cubierta por un manto. Se inclina sobre la mesa para observar el clavo que ha provocado la herida de su nieto. A su espalda podemos ver como el taller se abre a un espacio abierto donde vemos un rebaño de ovejas en un redil. Sus cabezas se vuelven hacia la escena central y parecen observar atentamente. El cordero es un símbolo más de la Pasión de Jesús, otro elemento más con doble significado que el pintor incluye de forma sutil.

El cuadro en su conjunto es rico en detalles y marcado realismo. Los pies de Jesús se muestran desnudos, permitiendo mostrar cómo una gota de sangre ha caído sobre el empeine de su pie. La imagen nos recuerda de nuevo su crucifixión y los estigmas causados por los clavos de sus pies y manos. Las numerosas virutas de madera demuestran el interés del artista por recrear de la manera más fiel el taller de un carpintero.

La obra está plagada de simbolismos: la herida en la palma de la mano es una referencia obvia a la futura crucifixión, máxime teniendo en cuenta que la sangre cae también sobre el pie; San Juan lleva un cuenco de agua que indica a qué se dedicará en el futuro; detrás está una escalera que remite a la de Jacob (según el Génesis, usada por los ángeles para subir y bajar del Cielo) y en un peldaño descansa una paloma que se identifica tradicionalmente con el Espíritu Santo; y, al fondo, se ve un inequívoco rebaño de ovejas, universalmente asimilables a los creyentes, que además miran con atención a la escena principal.

Pero el problema de Cristo en la casa de sus padres no estaba en el carácter metafórico que tenía sino su tratamiento. Dicen los expertos que, para la composición, Millais se basó en el grabado Melancolía, de Durero, si bien podría compararse igualmente con otras obras renacentistas. Otros apuntan más bien a El Salvador con sus padres en Nazaret, de John Rogers Herbert, o a Jesús ayudando a José en su taller, de Annibale Carracci. Ahora bien, ninguno de esos títulos había provocado tanta polémica ¿Por qué éste sí?

Basta con echar un vistazo general a las críticas que se le hicieron para darse cuenta del nivel que alcanzó el asunto. Se atacó la pintura desde múltiples perspectivas, acusándola de medievalista y retrógrada, de representar a los miembros de la Sagrada Familia con aspecto de alcohólicos barriobajeros y de aplicar un realismo inadecuado para el tema. Las virutas desperdigadas por el suelo, el desorden, ese peculiar vestuario tan alejado de la moda clásica…

Lo peor, decían, eran los rostros asignados a los personajes, muy alejados de la belleza impostada y serena a la que se solía recurrir en el arte al tratar ese tema. Parecían haberse escogido modelos enfermos de raquitismo, alcoholemia o cualquier otra enfermedad de las que solían afectar a los estratos sociales más bajos a mediados del siglo XIX. Una auténtica familia obrera. Con razón se conoce el cuadro también como El taller del carpintero, a secas.


llums de nadal a San Just

24 Desembre 2018

I
Tremoloses bombetes s’il·luminen
com si fossin les llàgrimes d’algú.
Miro el pati al capvespre
dessota el cel lilós on es dibuixen
a contrallum les fulles del llorer,
un negre i fi estampat. La teva mare em diu:
Tu i jo, de tant en tant, ho perdem tot.
Tremolosos, els llums en els carrers:
de sobte, tots s’han apagat per tu.

II
Avui tots els colors dels contes,
com els verds de les canyes vora el riu
i els núvols reflectits al safareig,
llueixen en els ulls de la Joana.
Comença a ploure i, a través del pati,
es mouen les figures del Nadal
de l’any passat. Veig la Joana riure,
però de sobte es gira cap a mi
i em mira, i llavors veig que és un record,
que per això la pluja la travessa.

Autor: Joan Margarit

LUCES DE NAVIDAD EN SANT JUST

I
Temblorosas bombillas se iluminan
como lágrimas de alguien en las calles.
Encuentro gris y frío nuestro patio
bajo este cielo lila del crepúsculo
en donde se dibujan
-negro y fino estampado a contraluz-
las hojas del laurel. Y tu madre me dice:
Tú y yo, a veces, lo perdemos todo.
Temblorosas, las luces en las calles:
todas se han apagado, de repente, por ti.

II
Hoy todos los colores de los cuentos
-los verdes de las cañas junto al río,
las nubes reflejándose en el lavadero-
relucen en los ojos de Joana.
Bajo la lluvia y a través del patio
la Navidad pasada y sus figuras
se mueven, y Joana está sonriente.
Pero, volviéndose hacia mí, me mira
y entonces puedo ver que es un recuerdo,
que por esto la lluvia la atraviesa.

Autor: Joan Margarit


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