la Soledad. Recuerdo de Vigen, Limusín (Jean-Baptiste-Camille Corot, 1866)

20 gener 2019

“Para poder entrar en mis paisajes, habría que tener al menos la paciencia de permitir que se levantara la niebla. Sólo se puede penetrar en ellos poco a poco, y cuando se está dentro, hay que estar a gusto”

(Corot)

Una mujer está sentada frente al espectador; lleva un peinado clásico, en la mano derecha sostiene una lira y dirige la mirada hacia el fondo del cuadro, desde donde surge una hermosa luz que inunda la obra; el movimiento de las nubes da la sensación de animar el lienzo. La escena envuelta en un aire elegíaco, apelación melancólica a otro tiempo bajo una sinfonía de verdes, azules y grises.

Jean-Baptiste-Camille Corot (1796-1875) fue un pintor francés de paisajes.

Corot aunó la herencia clásica y romántica en el paisaje, sumando a la solidez compositiva de la tradición la frescura de la ejecución al aire libre, la paleta clara y el sentido de lo fragmentario. Su influencia fue decisiva en los primeros pasos de Monet así como en toda la obra de Pissarro.

Y es que puede considerarse que Camille Corot es el precedente más claro de los impresionistas, ya que fue el primero que le dio carta de naturaleza a la pintura al aire libre. La revolución impresionista radicaba precisamente en la fidelidad a la sensación óptica obtenida ante la naturaleza en determinadas condiciones de atmosféricas y de luz. Corot fue el primer pintor que expresó esa sensación en sus cuadros.


En L’étang de Ville-d’Avray (El estanque de la Ville d’Avray) (1870), acunada por una luz matinal, una muchacha está sentada junto a una laguna y dos vacas tranquilas le hacen compañía.

Instalada en primer plano, de espaldas al espectador, la mujer junto a la laguna de Ville-d’Avray no es el tema principal pero sí constituye uno de los eslabones del cuadro. Las dos vacas a la izquierda, las casas poco numerosas en la orilla de enfrente así como el abedul y los otros árboles que forman una elipse alrededor de la superficie del agua crean, al igual que el personaje, el sutil equilibrio del paisaje.

La fuerza del arte de Corot radica evidentemente en esa habilidad para augurar con simplicidad la quietud de un lugar sin imponer al espectador ningún tema central. El ojo acaricia la pintura, se detiene en un punto, luego se deja llevar despacio hacia la atmósfera elegíaca. Paisaje silencioso, propicio a la serenidad, como tomado de un sueño. Corot es un creador de armonía.


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