la pesadilla (Johann Heinrich Füssli, 1781)


La pesadilla (1781) -también conocida como El íncubo– es el retrato de una mujer tumbada en pleno sueño, caída de la cama, derrochando un erotismo no carnal sino fantasmal, por el diseño estilizado de su cuerpo y el fenómeno de la fosforescencia.

Una mujer dormida, poseída por un íncubo (demonio que se presenta en sueños de tipo erótico) es contemplada por la cabeza de un caballo de aspecto fantasmal. Constituye una de las obras más emblemáticas de Füssli, especializado en asuntos relacionados con la soledad, el miedo, el satanismo, el erotismo y el horror, que inspirará la imaginería satánica del siglo XIX.

La obra produce impresión de claroscuro, pero es el cuerpo blanco el que resplandece. La mujer no necesita estar desnuda para suscitar erotismo, este surge más bien del velo ligero de su cuerpo, que recuerda a la técnica de los paños mojados.

La Venus dormida tradicional se convierte aquí en una Venus agitada por las pesadillas. La figura femenina está entregada a un profundo sueño, al que ha ido abandonando su cuerpo en una clara postura de recepción sexual. Aparece como oprimida, poseída por el extraño ser, identificado con un íncubo, que está sentado sobre su pecho. Al fondo surge de entre los cortinajes la cabeza de un caballo cuyas enormes órbitas dilatadas reflejan su estado de excitación. Si el diablo está relacionado con el instinto, el deseo y la perversión, el caballo es, asimismo, un símbolo sexual masculino, asociado frecuentemente con el demonio, las pesadillas y el sexo.

Desde un enfoque muy contemporáneo, Füssli presenta a la mujer como sujeto, no como objeto, de pasiones sexuales, contradiciendo la tradición clásica. Las presentes en sus obras están llenas de deseos, son dominantes, poderosas.

Johann Heinrich Füssli fue un pintor suizo establecido en Gran Bretaña, de estilo manierista que se debate entre el neoclasicismo y el romanticismo.

En sus imágenes confluyen corrientes que provienen de las tradiciones clasicista y manierista con otras que son específicas de la pintura inglesa y nórdica, reflejando una concepción de lo sublime que se manifiesta en el arte y la literatura inglesas del siglo XVIII. En su estancia en Italia alcanzó su estilo definitivo, basado en el manierismo, con rasgos clasicistas, pero más dramáticos que los de sus contemporáneos. Su apasionamiento, emocionalismo y subjetividad -prerromanticismo- llevó su estilo hacia lo irracional.

La obra de Füssli tiene un marcado carácter teatral, no sólo por los temas, sino por su sentido plástico de las imágenes. Las formas de sus figuras se apartan de las reglas de las lecciones de anatomía y dan lugar a nuevas criaturas fantásticas y sensuales.

Todo ello sitúa a Füssli como una figura fundamental para la transición entre el neoclasicismo y el romanticismo, y como uno de los artistas pioneros en la exploración de lo irracional, hecho por el que algunos historiadores del arte lo comparan con Goya. Aunque poco después de su muerte su obra cayó en un relativo olvido, su figura fue reivindicada por los expresionistas y surrealistas, que lo consideraron un predecesor.

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