conversión del duque de Gandía (José Moreno Carbonero, 1884)


El cuadro presenta la renuncia al mundo de don Francisco de Borja, marqués de Lombay y duque de Gandía, tras contemplar el putrefacto cadáver de doña Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, fallecida en Toledo el 1 de mayo de 1539. Su cuerpo fue conducido a Granada por expresa orden de la finada, sucediéndose en esa ciudad andaluza la escena que Moreno representa.

La belleza de la emperatriz cautivó a toda la Corte, especialmente al duque de Gandía, encargado de trasladar el cadáver a su lugar de enterramiento y entregarlo a los monjes. Cuando el féretro fue abierto y el duque contempló el cuerpo descompuesto de su señora, pronunció la famosa frase “Nunca más serviré a un señor que se me pueda morir”, ingresando años después en la Orden de Jesús, llegando a ser canonizado.

A la entrada de una cripta y al pie de la escalera que a ella conduce, aparece colocado el ataúd de bronce sobre un túmulo bajo, cubierto por un soberbio paño que ostenta bordada el águila imperial en los extremos; dentro del féretro está el cadáver de la que fue mujer de Carlos V, ya casi descompuesto.

El marqués aparece representado en el centro de la composición, inclinando su cabeza sobre un gentilhombre al que abraza. Tras estas figuras contemplamos a un canónigo mientras varios hombres y mujeres se pierden en la penumbra. La zona derecha está ocupada por el féretro, abierto por un hombre que se tapa la nariz para evitar el hedor. La emperatriz lleva las manos sobre su pecho y un velo blanco y vaporoso cubre parte de su rostro. Un niño mira al cadáver con espanto y a su lado, una dama se cubre la cara con las manos. Carbonero domina el dibujo y la reproducción fiel al tacto de las diferentes superficies, empleando una materia pictórica jugosa y suelta que recuerda a los grandes maestros del Barroco español. También llaman la atención los espléndidos retratos de algunos personajes, así como la correcta iluminación dramática que envuelve la cripta, penetrando por el ventanal visible en el lado izquierdo y por un foco ajeno a la composición. En el estilo empleado por Carbonero encontramos ecos de Pradilla.

Desde muy joven José Moreno Carbonero (1860-19642) destacó en el dibujo. Fue conocido como pintor academicista, también ejerció la labor docente como catedrático de Bellas Artes. Asentó su fama en los cuadros de historia, que fueron muy premiados en su tiempo y en el retrato, especialidad por la que fue muy solicitado por la familia real, la aristocracia y la burguesía.

Hizo hizo las ilustraciones en una edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en 1898.

La aventura que narra el cuadro, pertenece al capítulo VIII de la primera parte de “El Quijote”. Narra el momento concreto en el que choca con el molino.

“…Y, en diciendo esto y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante, y, dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle a todo el correr de su asno, y cuando llegó, halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante…”.

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