Leda atómica (Salvador Dali, 1949)


A lo largo de la producción artística de Dalí encontramos estilos muy diferentes, fruto de su facilidad para experimentar ante nuevos estímulos, aunque siempre manteniendo su sello surrealista. Este cuadro se comenzó a pintar en 1945, cuando el artista se encontraba al final de su etapa en Nueva York, donde había encontrado una fuerte inspiración en el clasicismo del Renacimiento, a lo que se sumaban sus fuertes inquietudes científicas, especialmente sobre la teoría atómica y el equilibrio energético entre las fuerzas de repulsión-atracción del interior del átomo. La combinación de ambos elementos le llevó a pintar esta “Leda atómica”. En ella representa con rigor un tema clásico, el mito griego de Leda, pero dándole un tratamiento singular al pintar los diferentes elementos flotando, sin estar en contacto entre ellos, arrojados al espacio y sostenidos en equilibrio por extrañas fuerzas, imitando los elementos que constituyen el átomo. Es lo que él mismo denominó como “espacio suspendido”.

Leda era la esposa de Tíndaro, rey de Esparta, su belleza hizo que el mujeriego Zeus se prendase de ella, así que convertido en cisne y aprovechando la noche de bodas de la pareja real, sedujo a la muchacha. Este mito ha sido siempre una fuente de inspiración para muchos artistas: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Corregio, Poussin, Matisse, Cézanne… y por supuesto Dalí, que ha optado por pintar a Leda con los rasgos de Gala, flotando graciosamente sobre un pedestal de corte clásico, junto con el cisne que vuela hacia ella y que encarna al propio pintor. No debemos olvidar que el episodio de Leda y el cisne es uno de los más pornográficos de la mitología griega, que incluye rasgos de bestialismo.

Para Dalí la elección del tema no es nada casual, el cuadro simboliza la exaltación de su amor por su musa, Gala, pero tratado no de un modo carnal como era común en el tema de Leda, sino de una forma espiritual. Ambos se atraen como lo hacen los elementos del átomo, de una forma irremediable pero sin llegar a tocarse. Un amor puro no necesita del contacto físico. Pero además el artista vio en este mito una vinculación con su propia familia. Él mismo se identificaba con Cástor, el inmortal, mientras que Pólux sería su propio hermano, al que no llegó a conocer pues murió en la niñez antes de que él naciese, y que también se llamaba Salvador. De la misma forma veía a Gala como la inmortal Helena, mientras que su hermana Ana María sería Clitemnestra.

Al pintar esta obra, Dalí mostró una vez más sus grandes dotes técnicas, logrando un gran colorido y un acabado hiperrealista, casi fotográfico. Pero además realizó un profundo trabajo de composición, sometiendo el lienzo a un gran rigor matemático. Dalí realizó complicados cálculos teóricos durante tres meses que dieron lugar a la peculiar composición del cuadro. La pintura sintetiza siglos de tradición matemática y simbólica, especialmente pitagórica. Se trata de una filigrana basada en la proporción áurea, pero elaborada de tal forma que el espectador no la aprecia a simple vista.

Leda y el cisne se inscriben en un pentágono en el interior del cual se ha insertado una estrella de cinco puntas. 

Una matemática línea del horizonte divide el cuadro en dos; al fondo un austero paisaje de rocas y desfiladeros es descrito con tal precisión que parece estar formado por estructuras metálicas. Utiliza para ese fondo el paisaje mediterráneo de las costas de Cadaqués, los acantilados de Cabo Norfeu. En primer lugar el reino de lo sensual.

El cuerpo pletórico de Gala repite unas curvas que también aparecen en el cisne; respecto a éste, el alargado cuello remite claramente a comparaciones fálicas muy obvias. La sombra, que es considerada una cualidad innata de los objetos, revela la existencia de éstos, pero en este cuadro es utilizada en cambio para provocar la duda; sobre todo, respecto al mar, que cuestiona hasta las más seguras de nuestras creencias.

Las sombras tienen un papel muy importante en esta pintura. Permiten a Dalí jugar con la perspectiva y la ubicación de los objetos en el espacio, además de enfatizar la sensación de ingravidez.

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