mujer mirando una fotografía (Cristobal Toral, 1982)

21 Abril 2019


En uno de los lienzos más turbadores de Cristóbal Toral, Mujer mirando una fotografía (1982), aparece una de esas muchachas que pueblan a menudo sus cuadros -una joven que se adivina provinciana, modesta, sin dinero, extraviada en la urbe hostil-, rodeada de mesas y sillas vacías devoradas por una sombra. El desamparo y la soledad del personaje es absoluto.

Una maleta, unos paquetes y una cartera indican que la mujer se halla aquí de paso, que éste es sólo un momentáneo reposo en medio de su tránsito. Pero la infinita opresión y la tristeza sobrecogedora que inundan al espectador de esta escena están determinadas por la atmósfera de unas tinieblas en las que parecen anidar insondables peligros, acaso monstruos, acaso la muerte. Y, también, por la pesadilla repetida de esas sillas y mesas de glacial consistencia que, se diría, encarcelan amenazadoramente a la muchacha y no la dejarán ya escapar. La simetría, la elegancia, la perfección, la recóndita indiferencia de aquellas presencias inmóviles no son de este mundo, o, tal vez, sí.

Como en éste, en todos los cuadros de Toral, el realismo no es otra cosa que un vehículo para que un creador de nuestro tiempo que domina como pocos sus medios expresivos, vuelque en imágenes de un rico simbolismo y de exquisita factura, una intimidad sobresaltada por perturbadoras figuras en las que descubrimos las caras de nuestras propios demonios.


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