la enfermedad (Alfred Kubin, 1903)

“El sueño es una segunda vida” 

(Nerval)

La enfermedad va ligada al proceso de desintegración social, y los marginados, diferentes o extranjeros, son considerados como potenciales transmisores de todo tipo de enfermedades; las prostitutas aparecen como la plasmación del peligro mortal; ellas unifican el tema del miedo a la enfermedad y de la mujer como portadora de muerte. Ello traerá consigo la popularización de una obsesión biológica mórbida, la angustia por contraer una enfermedad mortal y la proliferación de obras artísticas que reflejan dichos miedos. Alfred Kubin también dedicará al tema algunos de sus dibujos.

Entre los más famosos se cuentan: Cólera (1899), en el que un microbio enorme va adquiriendo mayor tamaño y poder a medida que avanza y se alimenta de personas; La peste (1901) un hombre avanza raudo y veloz, no sabemos si huyendo o trayendo la enfermedad; Dios serpiente, (1903), un extraño ser mitad hombre mitad serpiente arrastra su larga y gruesa cola por el borde de un precipicio desolado a la búsqueda de algún alimento; La enfermedad (1903), un camello cabalgado por un esqueleto va pisando las cabezas de diferentes personas enterradas hasta el cuello; o El chupador (1905) donde diferentes tipos de peces están succionando las extremidades y la espalda de una mujer que huye aterrorizada ante el avance de esas hambrientas bestias.

Alfred Kubin.(1877-1959). Ilustrador y escritor austriaco, uno de los grandes dibujantes del siglo XX, precursor del surrealismo. Amigo de Kafka, gran ilustrador de Poe y Hoffman y prolífico escritor, el artista vienés fue uno de los más brillantes dibujantes de su tiempo. Vivió una existencia de retiro y sufrimiento y fue considerado el gran inspirador del cine expresionista de Murnau. Apodado “el sacerdote del inframundo” o el “Goya austriaco”.

Kubin es considerado un representante medular del simbolismo y el expresionismo. Su vida, marcada por la desolación y la profunda tristeza, fue compleja y pasó gran parte de ella retirado en un destartalado castillo del siglo XII. El universo de Alfred Kubin está construido con una larga retahíla de visiones, de alucinaciones, de destrucciones y de muerte. A lo largo de toda su vida, Kubin va a sentirse cercado por el dolor y el infortunio.

El mundo no era un lugar por el que sintiera agrado y no sabía relacionarse con los demás. Estaba marcado por la muerte de su madre -sobre cuya tumba intentó suicidarse cuando tenía 19 años- y sufrió varias crisis de aguda depresión. Su obra, prolífica y variada es una de las más fascinantes de su tiempo.

Su estilo es una mezcla de elementos oníricos, fantásticos, tenebrosos y propios de alucinaciones cercanas al terror, delatan la personalidad de un autor inconfundible y retorcido entre tinieblas.

Pesadillas basadas en una amalgama de arañas, demonios, murciélagos atacantes, cadáveres, monstruos o el erotismo y la figura de la mujer como elemento central de sus pensamientos, completan el abanico temático de su producción.

Los dibujos de Kubin, particularmente los de sus primeros años, se caracterizan por la representación de unos graves personajes situados en un entorno árido y sin ninguna concesión a la anécdota o a los elementos decorativos. Las escenas, situadas en el momento del crepúsculo o de la noche, nos hablan del peor de los mundos inimaginables.

Los personajes, bañados en una luz difusa, se enfrentan a un poder imbatible, mil veces superior a ellos, e incontestable. El hombre se enfrenta solo ante un abismo frío y desértico como símbolo de su existencia.

La plasmación de una visión desolada, retorcida y angustiada de la sociedad se combina con la deformación física y psicológica de unos personajes situados en un mundo abocado a la catástrofe y la decadencia.

Kubin realiza un largo y profundo viaje al interior del ser que le sirve para mostrar el aspecto vivo de las cosas, el lado mecánico o ilusorio de los hombres y el rostro siniestro e inquietante de los espacios vetustos. Una fantasía macabra y un erotismo fúnebre le sirven para reflejar el vacío, la ausencia y la negación del ser humano.

Los individuos que dibuja quedan situados en un naufragio inexorable cuyo único refugio posible es la muerte.

Ilustraciones: “La enfermedad” (1903), “Dios serpiente” (1903), “Misa negra” (1905), “El espanto” (1901) y “El fantasma del baile” (1903) 

 

Els comentaris estan tancats.

%d bloggers like this: