los tres enigmas gloriosos de Gala (Dali, 1982)


El pintor que aborda a la perfección el tema propuesto del artista y su modelo es Salvador Dalí (1904-1989), pieza clave en el movimiento surrealista. Su excentricidad, imaginación, rarezas y afán de grandeza marcarán un estilo totalmente personal característico de todas sus obras y que no dejó a nadie indiferente.

El primer encuentro con Helena Diakonova (Gala) se produjo en 1929 y desde entonces Dalí quedo completamente enamorado de ella. Gala se separó de su por aquel entonces marido, Paul Eluar, y contrajo matrimonio con el artista, pasando a ser su fuente de inspiración y lo más importante de su vida.

Gala nada tenía que ver con las mujeres de su época, moderna, con un carácter fuerte, ideas claras, amante del amor liberal y creativa, quizás eso fue el motivo que produjo tal obsesión en Dalí, aunque como comento en varias ocasiones ella encarnaba la figura de la mujer de sus sueños infantiles.

Los tres enigmas gloriosos de Gala fue pintado el mismo año de la muerte de su esposa Gala. Algunos historiadores apuntan a que este conmovedor homenaje aludía a los tres periodos de su carrera al lado de la que fuera su musa y compañera de vida.

Las tres formas escultóricas que se repiten en el lienzo se asemejan a balaustradas gaudinianas, pero se asientan en el espacio con la clásica placidez de tres formas que, alejándose, se repliegan en sí mismas sobre el plano. Pero esta quietud es falsa; al girar noventa grados la pintura surrealismo desemboca en expresionismo y los perfiles devienen dramáticos, violentos, obsesivos… Por otra parte, la extensión plana e infinita es algo habitual en Dalí y transmite un sosiego intranquilo, irreal.

El tema de una cabeza de perfil, vuelta hacia el suelo, es recurrente en Dali desde los años veinte. Tiene su origen en una peña del cabo de Creus y en una fotografía anterior a 1927 que Dalí hizo a Federico García Lorca en la playa de El Llané, de Cadaqués. En esta fotografía, el poeta, tendido sobre la arena, aparece con la cabeza vuelta hacia el suelo.


El tema de esta pintura, “Rostro paranoico” (1935) puede ser tanto un paisaje que muestra un poblado africano, con varias figuras en torno a una construcción cupuliforme, como un rostro humano, mucho más evidente si se gira la imagen noventa grados hacia la derecha.

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