la vía al Calvario (Gaetano Previati, 1901)

13 Juny 2019


Gaetano Previati (1852-1920), pintor italiano representante del divisionismo. Su técnica pictórica era muy diferente de la de los otros pintores divisionistas, al ser extremamente filamentosa y luminosa quienes encontraban sus pinturas demasiado simbolistas.

De “La vía del Calvario” existen dos versiones; una de 1901-1904 y la otra de 1912.

El artista propone la misma composición, los mismos personajes y la única diferencia está en la luz: en la segunda versión el cielo brilla con un deslumbrante azul, mientras que en la primera responde a los mismos tonos cálidos del resto del lienzo sin llegar a iluminar la procesión.

En ambas pinturas, la pincelada filamentosa parece dificultar aún más el ascenso de la procesión: la línea hace que sus ropas sean pesadas y las anclan al suelo. La sensación de fatiga y desesperación es fuerte.

La luz es la de una puesta de sol dramática, con un sol herido que arroja sus rayos sobre los protagonistas. Los personajes están abarrotados en el estrecho espacio del lienzo, todos reunidos alrededor de Cristo que asciende al Calvario bajo el peso de la Cruz.

En el lienzo, que se desarrolla horizontalmente, vemos grupos de mujeres, que se elevan con un paso marcado por la fatiga y el tormento. Tienen la luz de la puesta de sol detrás de ellos y las sombras de la oscuridad delante de ellos. Previati no nos muestra el grupo principal sino el final.

En “La Pasión” (1902) catorce piezas representan las diversas etapas del viaje de Jesús, su particular Vía Crucis:: la carga de la cruz, el encuentro con la Virgen María, y finalmente la crucifixión.

A través del uso del color y los ángulos de iluminación, el enfoque es claramente Jesús, resaltando su dolor y sufrimiento.

La túnica roja expresa todo el desgarro y sufrimiento del hombre. 

La secuencia de las catorce estaciones, imaginada por Previati colocada una al lado de la otra, subraya el tema del dolor y la Pasión de Cristo no solo gracias a la figura imponente, trágica y monumental sino también al ritmo cromático apremiante y la parábola de luminosidad que implica la sucesión de imágenes desde el primer cuadro hasta la oscuridad del último, en el que tiene lugar la tragedia.


Finalmente, en “El robo del cuerpo de Cristo” (1902) el pintor vuelve al tema de la pasión aunque con unas pinceladas grotescamente expresionistas.


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