los tres estados de la mujer (Munch, 1895)

Munch convirtió a la mujer en el epicentro de su obra. La mujer aparece en su pintura idealizada o demonizada, según dos arquetipos contrapuestos: la femme fragile como mujer ideal, casta y delicada, y la femme fatale, como mujer amenazadora y seductora.

En “Los tres estados de la mujer” (1895) retrata tres prototipos de féminas: la inocente y frágil (vestida de blanco), la fatal y apasionada (desnuda) y la madura (vestida de negro). A la derecha del cuadro se encuentra el hombre sometido pintado con colores oscuros y borrosos. La poderosa y ondulante línea de la playa es un elemento ya presente en otras obras de pintor.

Una figura virgen con sus “inocentes fantasías de adolescente” mira hacia el mar. En el medio se encuentra una mujer física madura, desnuda con las piernas abiertas, que mira directamente al espectador. Su “mirada seductora y provocadora es de una atracción tan irresistible que garantiza la eternidad de la raza humana”. En el lado derecho hay una mujer vestida de oscuro, apenas visible, con una cara pálida que es testigo de la muerte.

En “Las cuatro edades” (1902) muestra tres mujeres y una niña en una calle del pueblo de Aagaardstrand. Al comienzo del camino vemos a una niña con sombrero rojo que mira de frente al espectador. A su lado un poco más atrás vemos a una joven mujer con un elegante sombrero. Todavía más atrás Munch ha pintado de perfil una mujer adulta. Al fondo, una anciana de cabello blanco que camina encorvada hacía el lado derecho del cuadro. A estas figuras, que no guardan relación entre sí, las ha vinculado Munch mediante los trazos castaños rojizos que configuran la calle.

Las cuatro edades de la mujer representan la tristeza y desolación en la vida humana.

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