el club de jardineria (Botero, 1997)

19 Juliol 2019


“Yo no pinto gordas”, “Yo trato de expresar el volumen como una parte de la sensualidad del arte”

(Fernando Botero)

Esta pintura representa a cinco mujeres de la clase alta colombiana en un paisaje rural. Las figuras están detalladas y bien perfiladas se pueden observar con claridad los rostros y el volumen, la composición del cuadro es en horizontal. Predominan los colores apagados o fríos , si observamos bien la obra, no esta iluminada igual en todas las partes. Cada una de las cinco mujeres porta un instrumental típico de la jardinería de manera tal que la pintura se desvela como un tratado de esta ciencia.

La primera mujer, lleva un gorro negro pequeño, el pelo marrón, y recogido con una trenza, la señora esta de perfil, tiene la piel con un poco de color, los ojos pequeños, la nariz es larga y delgada, la boca , orejas pequeñas, lleva unos pendientes de perlas, un collar, viste con ropas de época, lleva un vestido verde clarito y en el bajo tiene una raya amarilla , que no es muy largo , lo complementa con un cinto fino negro y guantes sin dedos marrones, en las manos tiene una manguera larga como una serpiente, en los pies lleva unos zapatos de tacón rojos.

La segunda mujer, lleva un gorro negro, con un fino lazo rojo con pequeñas flores a los lados. Tiene el pelo suelto , rizado y rubio, su cara es pálida y redonda, tiene unos ojos pequeños que miran fijamente a un punto fijo, su nariz, es pequeña y recta, su boca es muy pequeña lleva un pintalabios rojo como la sangre. Viste un vestido de tirantes azul clarito y en el bajo una raya gruesa amarilla, en la mano derecha lleva una cesta de mimbre con flores rosas y en la izquierda una especie de pala.

La tercera mujer parece la más mayor de todas. Su pelo es rubio lo lleva recogido en un moño, su piel es pálida, con ojos bastante pequeños y con la mirada perdida, una nariz normal, boca pequeña, también lleva un poco de colorete, tiene unos pendientes negros. Viste un traje, arriba lleva como una chaqueta negra, con cuellos blancos, como si debajo llevaría una camisa, después lleva una falda por la rodilla negra y en el bajo hay una raya ancha gris, tiene unos zapatos de tacón negro. Este traje lo complementa con unos guantes marrones y un bolso amarillo de boda. En su mano derecha lleva un rastrillo, tiene la mano levantada, como si le fuera a dar a su amiga y a sus pies hay una regadera.

La cuarta mujer, esta sentada, delante de las dos primeras mujeres. Esta tiene el pelo rubio al igual que las dos últimas, la piel pálida y para dar un poco de color a su piel un poco de colorete. Tiene los ojos rasgados y pequeños, la nariz pequeña y la boca pequeña con carmín rojo. Viste un traje de dos piezas, la chaqueta es azul oscura con puntos, los cuellos son blancos y los ribetes de las mangas también y la falda verde oscuro con unos zapatos de tacón amarillos. En su mano derecha lleva un rastrillo pequeño.

La quinta y última mujer, parece la más joven de todas. Tiene la piel con más color que las demás. Su pelo es pelirrojo como las zanahorias, tiene dos trenzas que van desde adelante a la parte de atrás, y lo sujeta con dos florecitas rojas. Sus ojos son pequeños y lleva gafas, su nariz es pequeña y la boca también. Viste un vestido marrón, en el cuello tiene unos volantes verdes, y después unos lazos verdes, tiene unos zapatos de tacón negro. En su muñeca derecha tiene una pulsera y por ultimo en su mano izquierda una pala larga que parece que la sujeta para que no se caiga.


La obra de Botero tiene mucho de realismo mágico. Y por eso sería importante entender de manera sencilla en qué consiste eso del realismo mágico, algo que conocemos mucho pero que nos cuesta tanto explicar.

La fórmula consiste en un escenario real, con personajes reales, donde suceden pequeñas cosas milagrosas, maravillosas, pero como si fueran detalles sin demasiada importancia, sin que parezcan sorprender a los protagonistas ni a quien cuenta la historia.

Por lo general, esos sucesos “mágicos” sirven para transmitir estados de ánimo más que para resolver providencialmente una historia.

Botero pinta escenas o retratos de personajes de la vida cotidiana de la infancia y de la tradición colombiana (bailes, casas de citas, corridas de toros, vírgenes, santos, presidentes, prostitutas, monjas y militares). Pinta su amada Colombia y sus costumbres. Y en medio de esas situaciones, las figuras protagonistas de sus lienzos sufren un agrandamiento que resulta desmesurado para el reducido espacio del cuadro donde está pintadas.
Volúmenes monumentales, perspectivas arbitrarias, y por momentos una disparatada escala de las figuras, que varía de acuerdo a su importancia temática y compositiva (las figuras que se agigantan o empequeñecen de acuerdo a su valor emotivo).

Los defasajes, las desproporciones, impactan al espectador generando un aire grotesco y humorístico, parte de ese estilo suyo tan personal.

Ese estilo puede incluirse dentro de lo que llamamos el arte Naif. Pero la ingenuidad sólo proviene de su formación autodidacta (con influencias del Renacimiento florentino, Velázquez, Goya y, por supuesto, la pintura popular colombiana y el muralismo mexicano), ya que su obra, irónica y graciosa, no deja de hacer crítica social.

Finalmente, nos podemos preguntar por qué Botero genera un fuerte lazo de identidad con el pueblo de Colombia, pero termina siendo tan latinoamericano para los latinoamericanos y tan universal para el resto del mundo. Él opina sobre ello que “todo arte es local” y concluye: “No está mal que sea costumbrista y pintoresco. Lo particular es lo que le da al arte su universalidad”.

Fernando Botero es un artista Colombiano conocido por su estilo de figuras rotundas y formas inflados. Las pinturas de Botero son influenciados por los maestros del Renacimiento y el Movimiento Expresionista Abstracto del siglo veinte. Expresionismo abstracto marcó una nueva era de la expresión americana artística en la espontaneidad, la altura monumental, la psique individual, y las expresiones universales del sentimiento. Las pinturas de Botero con frecuencia emulan la materia y pinturas de los maestros del pasado. Sus representaciones rotundas de estas imágenes familiares de los maestros del pasado a menudo se interpretan como gestos de ironía o una caricatura. El aspecto redondeado de figuras pintadas de Botero se refleja en su obra escultórica, generalmente fabricado en bronce a gran escala y con frecuencia aparece en público.

El rasgo más peculiar de su personalidad creadora, que hace fácilmente reconocibles sus cuadros, es su particular concepción y expresión de los volúmenes: hace que las figuras protagonistas de sus lienzos sufran un agrandamiento que resulta desmesurado para el reducido espacio pictórico en que se las hace habitar. La imagen deformada, que lleva su pintura al terreno de lo grotesco, es el componente de humor crítico que expresan sus lienzos. Conjugando gigantismo y humor, sus monstruos sobrealimentados, de vientres hinchados y actitudes rígidas, son una crítica sarcástica a la sociedad actual. Por otra parte, esta pintura de lo feo se combina con un gran virtuosismo técnico, percibiéndose en el trasfondo de sus obras la pintura de Velázquez y de Goya.

Las gordas, y los gordos, que se identifican a primera vista con nombre de Botero aparecen en los desnudos, en las escenas de circo, en los retratos de curas y en las versiones de grandes cuadros de la historia del arte que el artista colombiano ha reinterpretado. Son redondeadas las frutas que componen sus naturalezas muertas y los hombres encapuchados que pintó en la serie dedicada a los presos iraquíes torturados en la prisión de Abu Ghraib



Ilustraciones: “Family Scene” (1985), “La escalera” (2002), “Loving Couple” (1973), “Pierrot (Clown)” (2007), “the colombian based” (1986) y “Lamentación ante Cristo muerto” (2012).


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