nubes de verano (Nolde, 1913)

16 Agost 2019


Emil Nolde pintó Nubes de verano en 1913, el mismo año en que partió hacia las lejanas islas del Pacífico Sur acompañando a la expedición antropológica de Kutz-Leber, que tenía como misión estudiar las gentes de Nueva Guinea. Durante el trayecto a través de Rusia, Siberia y Manchuria realizó numerosos apuntes y algunas pinturas.

Para Nolde, un artista que siempre vivió a orillas o cerca del Báltico, el mar fue siempre un sugerente motivo de inspiración. Su estado cambiante tenía para él un fuerte contenido simbólico y pintó el mar en múltiples ocasiones a lo largo de su carrera. Este paisaje marino, pintado con un grueso empaste de pinceladas vigorosas y un potente colorido, está protagonizado por unas amenazadoras nubes cuyo progresivo ennegrecimiento, que anuncia una intensa tormenta sobre un mar agitado, acrecienta la tensión de la obra.


La composición de Puente en la marisma (1910) está presidida por el escorzo del camino que arranca del primer plano, continúa por el puente y desciende y se pierde. Las líneas convergentes que marcan este camino imponen un acceso en ascenso del paisaje representado. Las barandas blancas del puente que da título al cuadro destacan cromáticamente.

Al otro lado del puente se distingue una mancha oscura, de trazo vertical, que puede identificarse con una figura humana, probablemente de espaldas, que ha recorrido el camino.

Un cielo encapotado ha traído lluvias que no se han aquietado del todo, a juzgar por la agitación y el color de las nubes. El espectáculo del cielo, al condensar tanta energía en potencia, es motivo muy destacado en el cuadro; a su movimiento responde, como un reflejo, la superficie del camino, sacudida por manchas de color y trazos vibrantes.


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