Columbus (Kagonada, 2017)

1 Setembre 2019


Sinopsis: Jin, un hombre coreano, se encuentra en Columbus, Indiana, para cuidar de su padre, un famoso arquitecto que está en coma. En esta ciudad conoce a Casey, una joven que cuida de su madre, adicta a las drogas que se encuentra en periodo de rehabilitación. Ambos lucharán por el mismo sueño que han visto truncado: tener la libertad para poder seguir su camino a pesar de los problemas de sus padres.

Casey tiene edad para ir a la universidad, pero en estos momentos se encuentra trabajando en la biblioteca local y cuidando a su madre (Michelle Forbes), una adicta a la recuperación de la metanfetamina. La película, siempre paciente, lleva su tiempo introduciéndonos en su rutina diaria, justo antes de encontrarse con el otro personaje crucial, Jin, que está de visita en Corea porque su padre, un teórico de la arquitectura en la que es una auténtica eminencia, se halla en su lecho de muerte.


“Columbus es un canto de amor a Ozu, con aires renovados y un halo existencial que nos recuerdan también al cine de Antonioni; una exposición poética de una ciudad sencilla – como hizo Jarmusch con la magnífica Paterson y la poesía – y una relación amistosa entre dos desconocidos que les permite ver el paso vital a realizar” (José Asensio)

“Columbus es el escenario concreto y por tanto le da título a su ópera prima ¿y por qué ese nombre? Porque es la ciudad que concentra la mayor cantidad de arquitectura modernista americana.

Columbus es un trabajo minimalista, es una película pausada, elegante y muy medida, todo el largometraje son planos fotográficos, en todos hay un punto central que reina en el plano y una simetría, destaca su color y su meticulosidad, es concienzuda, hipnótica, ensalza la perspectiva, y es un alegato a la arquitectura y al amor por las líneas. La cámara está fija en un punto, solo se mueven los personajes, el espectador está paseando por una exposición fotográfica y en numerosos planos Kogonada nos hace ver la escena detrás del umbral de las puertas, a veces mete a sus personajes en tres estancias y la vemos desde la última.

Sus dos personajes Haley Lu Richardson y Parker Posey son un regalo de Kogonada, rápido se ve esa conexión entre ellos. su nexo; la arquitectura, ella amante de los edificios de su ciudad y él hijo de un importante arquitecto coreano. Ella es una joven de dieciocho años talentosa e inteligente con un futuro universitario prometedor, pero le puede más la responsabilidad de cuidar a su madre, ex adicta a las drogas y por tanto sacrifica su vida por el cuidado de su madre, él está varado en Columbus al cuidado de su padre que sufre un desvanecimiento y está en coma.

Los dos personajes se desnudarán emocionalmente en ese bello decorado lleno de simetría. Sus actuaciones son de una gran claridad, cristalinas, melódicas.

Destaca su sencillez y naturalidad, llena de emociones, con silencios medidos. Es una ambrosía para paladares exquisitos, es inteligente, choca la contrariedad entre la frialdad de la arquitectura y la calidez de los personajes, es ese tipo de películas que quieres recomendar a una persona especial amante del arte y con grandes dosis de sensibilidad, que sabes que le va a sacar un rendimiento, un partido para llenar tertulias. Columbus no tardará en ser una obra de culto” (Antonio Arenas)


“Las conexiones cerebrales por las que unas imágenes te llevan a otras no son fáciles de explicar, y en ocasiones ni tan siquiera obedecen a la racionalidad, sino al sentimiento, a la sensación. Ocurre lo mismo con las razones por las que Cassey y Jin conectan en medio de un entorno urbano neutro, que nada les aporta pero en el que se ven obligados a estar y esperar, una especie de limbo vital donde el tiempo queda suspendido, pero durante el que, sin ellos intuirlo inicialmente, en su interior, se produce un cambio necesario para poder superar una vida estancada. Puede no ser justo ni acertado iniciar un comentario sobre una película llamada a llenar páginas de publicaciones y post virtuales señalando que el desarrollo de Columbus mantiene el mismo ritmo, la misma semejanza vital, el mismo recorrido sentimental que el que se pudo ver hace un año con el Paterson de Jarmusch. Si en la película de Jarmusch el avance existencial se producía a fuerza de repeticiones con variación mínima, en la primera obra de Kogonada el avance se produce gracias a la repetición de espacios y conversaciones donde va entretejiéndose, paulatina y gradualmente, una relación de confianza que surge, de manera ocasional a través de un cigarrillo (como una resonancia del Coffee and Cigarettes del propio Jarmusch). Es la sensación de asistir a la vida lo que hace grande una película que, no obstante, juega con unas cartas muy marcadas en el diseño formal para hacer de cada escena, de cada encuadre, de cada fotograma, un ejemplo de perfección controlada, de disposición autoritaria de la cámara que, sin embargo, no invade ni intimida al personaje ni abruma al espectador. Columbus bebe de Ozu, pero me acerca más al último Jarmusch de tal manera que Columbus y Paterson compartiendo las referencias urbanas, hablan de los mismos refugios interiores para sentirse vivos, configurándose ambas como películas de la esperanza y la construcción personal” (Miguel Martín Asensio)

Más información en:

https://www.elantepenultimomohicano.com/2017/12/critica-columbus.html

https://medialifecrisis.com/acting-out/2017-screenflowers-01-columbus-2017.html


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