mujer vieja (Otto Dix, 1923)

8 Setembre 2019


En medio de la época capitalista de los años veinte, al término de la Primera Guerra Mundial, ya en la República de Weimar, Otto Dix asumió el papel de cronista de la cotidianidad proletaria. Retrató prostitutas con la intención de manifestar su autenticidad, eran mujeres que se aproximaban a la sexualidad sin sentimentalismo de por medio, el sexo como profesión. El ideal y fuerza de Eros removido de todo ideal de belleza, la sexualidad como realidad contundente.

Dix se fascinó por la figura de las prostitutas y visitaba frecuentemente los burdeles de Dresde en el distrito rojo de Zegelgase.

Podía por ello representar a las prostitutas con minucioso detalle y sus obras reflejan esa aguda capacidad de observación desprovista de juicios morales. A diferencia de sus antecesores, Dix no recrea a la prostituta joven, sensual y erotizada, muestra a los personajes reales y caricaturizados que viven al margen de la sociedad, sentía que les otorgaba un sentido de dignidad y aire desafiante.

Dix atacó la miseria e hipocresía de la pequeña burguesía con sus despiadados retratos sociales de prostitutas viejas que resultaban una provocación para el buen gusto, y que poco después traerían problemas con la fiscalía.

La representación de ancianas prostitutas como signos de decadencia, de nuevo presente eros y tánatos, una combinación que no permite fácilmente al espectador condenar moralmente la sexualidad seductora y agresiva que cautivan estos personajes. De una manera, vician la lujuria en el momento del deseo, su mirada caída y su cuerpo enfermo puede producir lástima y tristeza por los efectos físicos de la naturaleza y el paso del tiempo. Dix nos pone frente a las mujeres que no pueden retirarse de las calles, quienes siguen el ciclo de la vida como prostitutas, quienes continúan inmersas en el abismo del olvido social desde antes de las guerras mundiales. Y que nos permite hacer la pregunta sobre la presencia del deseo, el erotismo y la obscenidad en la vejez. 

Las obras en papel de 1920 a 1923 muestran prostitutas asesinadas, brutalmente apuñaladas, ahorcadas y violadas. Con similaridades a las obras de Oskar Kokoschka, George Grosz y Rudolf Schlichter, representan un testimonio de la tendencia cultural de los veintes en la República de Weimar, celebrando la no conformidad y yendo a los extremos del “buen gusto”. Utilizaron el crimen como herramienta en contra de la sociedad hipócrita que no había cambiado sustancialmente después de la Primera Guerra Mundial, el aumento de prostitutas y burdeles, el tema de la sexualidad y las enfermedades de transmisión sexual eran omnipresentes en las grandes ciudades. Las obras de Dix desenmascaran a esa sociedad y arrojan luz de la naturaleza de los impulsos humanos, a veces vitales a veces violentos.


En Salón I (1921) cuatro prostitutas maduras esperan ociosamente la llegada de sus clientes; en Salón II ( 1923) las mismas prostitutas desprovistas de ropa se disponen a complacer a un cliente burgués.

El período creativo que va de los años veinte hasta 1933 cuando el Partido Nacional Socialista asciende al poder, constituye el momento clave del trabajo de Otto Dix,  temática y técnicamente y no únicamente en la representación de la mujer prostituta sino en todo su universo creativo que va desde la guerra (los soldados, los mutilados), los retratos de personalidades e intelectuales del momento, y la vida social de las grandes ciudades alemanas. Esta etapa sería para él “la más feliz de su vida”. En estas obras capturó la depravación del pueblo alemán.

Escogía tipos estigmatizados, nunca figuras idealmente sanas. Eran personas con marcas visibles de su destino: viudas, viejas prostitutas, embarazadas, bailarinas que ocultaban su edad tras fachadas impenetrables, obreros discapacitados y frágiles pensionados.


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