muerte del maestro (José Villegas Cordero, 1884)

9 Setembre 2019


Dentro de la amplia producción de escenas costumbristas que realizó José Villegas Cordero (1844-1921), puede considerarse esta espléndida obra, como la culminación de una serie de cuadros de asuntos taurinos que le dieron gran fama. En realidad puede considerarse que La muerte del maestro supone la culminación de una serie de cuadros de asunto taurino entre los que fueron más celebrados en su época los titulados El descanso de la cuadrilla (1870), Los toreros rezando en la capilla de la plaza (1871), y El torero en la taberna (1873).

“La Muerte del Maestro” representa el momento en el que es depositado el cadáver del torero Bocanegra en la capilla de la Plaza de la Real Maestranza de Sevilla, tras sufrir una cogida de muerte en una corrida en homenaje a otro maestro llamado “El Tato”.

En cuanto a su estilo y técnica esta obra, de gran formato, ha sufrido un largo proceso de ejecución y transformación por parte del propio artista, que comenzó una versión en el año 1893 y culminó con otra nueva en 1910.

En cuanto a su estilo, tras el largo proceso de elaboración de casi veinte años que culminó con la obra presentada en 1910, se ha producido una lógica evolución en el mismo. Las novedades se hacen presentes en los logros espaciales y lumínicos, así como en las excelentes calidades y matices del color. La pincelada es ahora más densa, más rica en materia, y los colores más audaces y vibrantes, con logrados efectos de contraste de tonos mates y brillantes. La ejecución es decidida, enérgica, con la seguridad en el resultado que le aportan los años de estudio en las primeras versiones y el largo proceso de reelaboración del cuadro. Se evidencia asimismo un mayor uso del claroscuro que aporta intimismo y gravedad a la escena con ese juego de contrastes entre luces y sombras, metáfora de la vida del torero. Pero las novedades conviven con elementos y figuras en los que se ha mantenido la estética más preciosista y minuciosa de la primera versión, como los ricos detalles de los trajes y accesorios o el capote de paseo que cubre al torero herido.

El estudio radiográfico revela que han existido dos cuadros anteriores al que hoy contemplamos, algunos de cuyos elementos se traslucen o bien se perciben por los gruesos empastes apenas ocultos.

La primera versión se conoce por una fotografía del cuadro que el pintor dedica a la infanta Isabel. Cuando Villegas lleva el cuadro a la II Bienal de Venecia en 1897, ya ha realizado importantes transformaciones en él; el fondo se transforma, sustituyendo la reja por una ventana a la derecha y una cortina a la izquierda por la que asoma la figura de un torero antes no representado. El altar con dosel y estandartes a ambos lados presidido por la imagen del Crucificado es sustituido por otro compuesto de un retablillo y la imagen de la Virgen. Desaparece asimismo el grupo de figuras situadas a la izquierda, así como una puerta. Introduce elementos nuevos como la banqueta con el estoque y el sombrero de ala ancha así como el sombrero de teja y el paño sobre el sillón frailero junto al sacerdote. A la derecha en primer término aparecen ahora una silla y un banco. Modifica la posición del sacerdote y la sábana. Por último es significativo el cambio de la figura femenina que se reclina sobre el torero, representada ahora más sobriamente sin la toquilla y el traje de volantes, y la figura del torero situado en el extremo izquierdo, en la primera versión portando una colorista banderilla y ahora secándose el sudor de la frente.

Tras la exposición del cuadro en la II Bienal de Venecia de 1897, Villegas lo lleva de nuevo a su estudio de Roma. Las principales transformaciones afectan al tamaño del lienzo y a la composición de la escena. Desaparece la figura de la mujer que se inclina sobre el lecho del torero cuya presencia había sido criticada por su excesivo dramatismo. Elimina también el sillón frailero con el sombrero de teja junto al sacerdote que reza en la cabecera del diestro así como la banqueta con el estoque y el sombrero cordobés. Modifica personajes como el sacerdote o el mozo de espadas, éste último en la primera versión un personaje anciano que recoge el traje del torero y en la posterior un monosabio, vestido con camisa roja en cuya manga izquierda presenta el número 13, que con una mano retira también las zapatillas que antes aparecían junto al lecho. En cuanto al torero muerto, cambia la posición de sus brazos que se muestran ahora sobre el embozo y también detalles de las sábanas. Otras pequeñas modificaciones pueden observarse en el grupo de los toreros de su cuadrilla.


Ilustración: José Villegas Cordero, “Despedida del Torero” (1880)


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