la cuna (Berthe Morisot, 18726)

25 Setembre 2019


En La Cuna (1872), sin duda alguna, el cuadro más famoso de Berthe Morisot, la artista representa en él a una de sus hermanas, Edma, velando por el sueño de su hija, Blanche. Es la primera aparición de una imagen de maternidad en la obra de Morisot, tema que se convertirá en uno de sus argumentos de predilección.

Dentro del impresionismo, Morisot se especializará en los temas intimistas, protagonizados por mujeres.

En La cuna observamos a una mujer vestida a la manera burguesa – traje negro con cuello y puños blancos de encaje y ajustado collar negro – contemplando a un bebé que duerme plácidamente en una cunita protegida por un mosquitero. La escena se desarrolla en una habitación, apreciándose las blancas cortinas al fondo y una pared entelada.

La mirada de la madre, la línea de su brazo izquierdo doblado, al que hace frente el brazo también plegado del niño, los ojos cerrados del bebé, dibujan una diagonal que resalta todavía más el movimiento de la cortina en el fondo. Esta diagonal relaciona la madre con su hijo. El gesto de Edma, que corre el visillo de la cuna entre el espectador y el bebé, intensifica todavía más el sentimiento de intimidad y de amor protector expresado en el cuadro.

El efecto atmosférico creado es sensacional, con un difuminado de los contornos que recuerda a la Escuela veneciana. El empleo del negro en contraste con el blanco está tomado de Manet, mientras que la luz penetrando a través de las cortinas enlaza con Degas.

La pincelada empleada por Morisot es rápida y ligeramente empastada, sin dejar de lado el excelente dibujo que siempre exhibirá. La captación psicológica de la protagonista demuestra la facilidad que tenía la pintora para el retrato.


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