el cementerio de Proctor

«… A los setenta pruebo
en soledad
el sabor de la desolación…»

Con morboso regocijo pensábamos
que cuando llegásemos a morir
nuestros cuerpos yacerían,
primero el mío, después el tuyo,
a cuatro millas de Eagle Pond, bajo abedules,
durante siglos,
sepultados en la tierra bajo un cielo mudable.

Después de derretirse la nieve,
desde las moscas negras de junio
hasta la caída de las hojas,
el perro y yo vamos
paseando entre tumbas y nos paramos en la tuya
donde los que te lloraron,
se juntaron todos una tarde de abril.

Autor: Donald Hall

Ilustración de Gary Bunt

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