la duda

Picasso - Masacre en Corea (1951)
“Mañana, cuando yo muera, no me vengáis a llorar. Nunca estaré bajo tierra, soy viento de libertad”

(Juan Paredes Manot, alias Txiki, ejecutado en España en septiembre de 1975)

“Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente”

(Xosé Humberto Francisco Baena Alonso, ejecutado en España en septiembre de 1975)

Podría cerrar los ojos,

encomendarme a un dios bastardo
evocar el primer beso
pensar en mis padres
-sobre todo en mi madre-
en cómo me abrochaba
el gabán de mi hermano.

Podría cerrar los ojos,

fantasear que ya no somos pobres
que la revuelta no es
una pira de cadáveres hambrientos
una fosa de mineros sin nombre.

Podría cerrar los ojos,

no ver las armas de mis asesinos,
visten los cinco uniforme de gala
con los botones de la impoluta casaca
cosidos por sus novias o sus hermanas.

Podría cerrar los ojos,

Y si lo hiciera
no vería
la duda
-o el miedo-
en el más mayor de los soldados.

Si un hombre
-no importa sea minoría-
duda
todos podemos salvarnos.

Cuatro balas en el pecho
asolan la vida.
La quinta -insurrecta-
me reconcilia con los hombres.

Morí extrañamente feliz.

Autor: Javier Solé

Del libro de poemas “El exilio interior” (ISBN 978-84-1304-853-6)

Ilustración: Picasso, “Masacre en Corea” (1951)

Una de las primeras obras importantes en criticar el abuso de poder de los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial fue esta obra de Pablo Picasso, donde un grupo de militares estadounidenses se preparara para masacrar a un grupo de indefensas mujeres y niños en Corea del Norte.

Un río divide en dos el cuadro. El río es una frontera que separa a las dos Coreas, los civiles de los soldados y las víctimas de sus verdugos. Los civiles están desnudos, dibujados con formas redondas y líneas curvas (mujeres y niños solamente) en total oposición con los hombres, rostros ocultos, líneas rectas y quebradizas, evocando la destrucción, la violencia, la agresividad…  Este contraste muestra la diferencia entre los hombres y las máquinas.

En frente nos encontramos a un grupo de soldados, preparados para disparar. Llevan armas muy sofisticadas, de hasta tres bocas, y aunque también van desnudos, todos llevan una especie de casco que oculta sus rostros y los deshumaniza. Sólo el soldado que está al mando descubre su cara, mientras que alza una espada con una mano, y con la otra sujeta un bastón de mando, o quizá simplemente un palo, una de las primeras armas del ser humano.

El grupo de soldados representa la fuerza militar. Visible por la desproporción de las armas y tecnicidad aberrante (tres agujeros alrededor de los fusiles no alineados con el trayecto futuro de la bala) la locura de la técnica. Los cascos simbolizan el obcecamiento ideológico. La manipulación de su conciencia por el jefe político, disociado de los otros, rostro que manipula a los hombres sin correr riesgos, los pies girados para huir de la guerra.

La impresión de desolación es brutal, con unas ruinas fondo. Hay, además, una graduación en el miedo. De la derecha hacia la izquierda. La pequeña niña que corre, la otra que juega despreocupada. La mujer joven llena de estupor. En fin, las madres con el rostro deformado por el terror.

La obra se inspira en los fusilamientos del 3 de Mayo, pintado por Goya en 1814 y sirvió de propaganda para el Partido Comunista Francés, del cual era Picasso militante.

Els comentaris estan tancats.

%d bloggers like this: