silla plegable


La última vez que Jane se mostró en público
fue en el funeral de nuestro primo
Curtis, muerto con tres días
en los brazos de su madre.
Yo llevaba una silla plegable
y Jane se agarraba firme
mientras cruzábamos por el hielo
con el viento más frío del año
hasta la tumba del niño.
Jane se sentó tiritando, con lágrimas,
pálida y envuelta en abatimiento
y lana. Nuestros vecinos
y nuestros primos nos saludaban con la cabeza,
nos sonreían y desviaban la mirada. Sabían
quién los iba a reunir allí la vez siguiente.

Autor: Donald Hall

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