el jardín del artista en Eragny (Pissarro, 1898)


A lo largo del desarrollo de la pintura en el siglo XIX podemos ver una persistente inquietud, la preocupación por la luz. Lo apreciamos en los pintores románticos con la búsqueda incansable de intensos encuadres lumínicos, lo advertimos en la utilización tan lírica que hacían de ella los maestros de la Escuela de Barbizon en sus bucólicos paisajes.

Pero esa profunda búsqueda tendría su culminación en el último cuarto de siglo a través de una serie de inquietos pintores que formarán el grupo Impresionista. Serían capaces a través de sus audacias técnicas de plasmar en sus obras la mezcla perfecta entre visión y luz. Logrando una captación de la luz que variaba según la hora del día que quisieran plasmar en la obra o según las circunstancias atmosféricas. Una luz que creaban mediante toques cromáticos sueltos. Puesto que a través de la mancha rápida estos pintores conseguían las vibraciones de la atmósfera, y por todo ello eran grandes defensores de la pintura al aire libre.

Y quizá la obra “El jardín del artista en Eragny” es un claro ejemplo de la frescura y espontaneidad de este tipo de pintura. Pertenece a una etapa muy tranquila de la vida del pintor, el momento en el que se traslada a Eragny, alejado de París e inmerso en la vida tranquila y apacible junto a su familia.

Recupera uno de sus temas favoritos, el huerto trasero de su casa en el que trabaja una mujer que se funde en una composición vibrante llena de luz y de color. Una escena cotidiana y cercana, en la que muestra una frescura increíble a través de su paleta de colores en la que se recrea con el manejo de la luz. Y en la que su pincelada se ha vuelto más libre, ya que es al mismo tiempo es más corta más jugosa y por supuesto más cargada de luz.

Crea el cuadro a base de mezclas complicadas de color que aclara con la utilización del blanco porque así conseguía una tonalidad general luminosa. Y el protagonista como siempre el verde, que es el color que predomina en su paleta y para él el color del paisaje.


Desde que en 1866 se trasladó a vivir a Pontoise, Pissarro vivió casi toda su vida fuera de París y fue básicamente un pintor de paisajes, o de escenas rurales, y uno de los primeros en practicar con convicción la pintura al aire libre. Trabajando muy cerca de Claude Monet, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley, Pissarro comenzó a revisar su método de pintura de paisajes, enfatizando el color en su expresión de los fenómenos naturales y empleando parches más pequeños de pintura. Pissarro produjo muchos paisajes rurales y escenas fluviales que enfatizaban el juego de la luz a fines de la década de 1860.

La vista representada aquí es un sinuoso camino de pueblo en la base de un grupo de casas en Pontoise, Francia, conocido como el Hermitage. La ciudad de Pontoise se encuentra aproximadamente a 25 millas al noroeste de París. Camille Pissarro vivió aquí entre 1866 y 1883, eligiendo los alrededores rurales para una serie de paisajes a gran escala que han sido llamados sus primeras obras maestras.

El escenario de Pissarro, repleto de aldeanos y jardines cuidadosamente cuidados, es más que la atención del pintor naturalista a la realidad observada. Esta pintura desafió las convenciones establecidas a través del uso del color y la pincelada expresiva. Pissarro despojó a su pintura de los matices históricos o sentimentales que caracterizaron los paisajes de sus predecesores. Hizo un uso dramático de la luz y la oscuridad, capturando los efectos del sol y la sombra.


En junio de 1871 Pissarro y Monet regresaron a Francia desde Inglaterra, su lugar de refugio durante la guerra franco-prusiana. Instalado de nuevo en Louveciennes, pintoresca localidad a orillas del Sena, no muy lejos de Port-Marly, donde en 1869 había alquilado parte de una casa del siglo XVIII, Pissarro continuó pintando los efectos de luz en los caminos y bosques de los alrededores. Aquí nos muestra un camino del bosque del Château de Marly visto desde Porte du Phare, con Marly-le-Roi al fondo, en el que aparecen varias pequeñas figuras. Está pintado a base de pequeños toques de pincel con los que consigue captar las vibraciones de la luz entre las hojas de los árboles del mismo bosque que pintaría Corot un año más tarde.

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