el deshielo en Vétheuil (Monet, 1880)


“Monet, que siempre manifestó un vivo interés por la representación efímera y cambiante del agua, se proponía representar el momento en que, con la subida de las temperaturas, el hielo se quebraba en pedazos que eran arrastrados por la corriente río abajo”

(Paloma Alarcó)

El invierno de 1879-1880 fue excepcionalmente frío en Francia y en otros países europeos, coincidiendo con uno de los últimos coletazos de la Pequeña Edad de Hielo. El río Sena a su pasó por la localidad de Vétheuil –situada 60 kilómetros al norte de París– se congeló por completo. Por aquel entonces, el pintor impresionista Claude Monet (1840-1926) vivía en esa pequeña localidad francesa y pintó una serie de 17 óleos, dedicada al deshielo del río. Uno de ellos es este cuadro, rico en matices, que nos consigue trasladar al lugar de los hechos. Transmite con extraordinaria eficacia el silencio –roto únicamente por el murmullo del agua y del hielo quebradizo–, la quietud y el frío que corresponden a un escenario como ese, dominado en la pintura por los tonos grises y azules pálidos.

Este río fue pintado por Monet en numerosas ocasiones y este cuadro forma parte de una serie de pinturas sobre el deshielo que marcarán un profundo cambio en la manera de pintar del artista: de una técnica espontánea que busca captar los efectos de la luz en el paisaje, pasa a una técnica analítica, casi científica, que intentará fijar los cambiantes efectos de la luz sobre un mismo paisaje a las diferentes horas del día.

El pintor, que siempre manifestó un vivo interés por la representación efímera y cambiante del agua, se proponía captar el momento en que el hielo se quebraba en pedazos y la corriente lo arrastraba río abajo. El formato alargado del lienzo acentúa la composición horizontal, sólo interrumpida por las verticales de los árboles y su correspondiente reflejo en las aguas. Con sus pinceladas sueltas y rápidas y su paleta reducida, el artista exagera la austeridad del paisaje de aquel invierno siberiano para transmitir sentimientos de abandono y melancolía.

Monet realizó una composición casi mística sobre ese hecho, con gigantescos témpanos de hielo flotando en un río verdoso en el cual se reflejan las siluetas distorsionadas de los árboles de la orilla.

El silencio y la quietud que transmiten estas pinturas hacen pensar en la tristeza del artista tras la reciente y prematura muerte de Camille, su mujer.

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