la canción del tiempo

21 gener 2020


Se paró el reloj. La hora
que daba, repetitiva y terca,
de repente dejó de sonar.
Pensé que me había liberado
del insistente compás
de su aguja, de su fija
mirada sin párpado.
Del estribillo de su canción
mecánica.
Soñaba que estaba
en otro tiempo, entre
otras gentes, bajo
otros cielos. En un lugar
donde bocas aún frescas
pronuncian cada mañana
palabras como soles
que emergen nuevos desde el mar.
Me sentía extraño, vagamente
inquieto, ilusionado
como el niño
al que expulsan de la escuela
y todo el día es un peregrinar
entre nubes y hierbas,
o el esclavo
al que un golpe de suerte
liberó, al fin, de sus cadenas.
Era todo como un recomenzar,
como una playa
que amanece limpia
tras ser barrida por el viento
y las mareas.
He transitado por el pasado,
he convivido con el presente,
me he proyectado en el futuro.
El corazón, como un ágil
muchacho, saltaba de uno
a otro: el tiempo era un lugar,
y los lugares parecían
suspenderse en el tiempo.
Al despertar, he caído
en la cuenta, he cambiado
la pila del reloj, y su vieja
canción a vuelto a resonar.
Pero pude salvar
estas palabras, como quien
regresa de un viaje o un sueño,
y escucha a voluntad
el fragor del océano
en una caracola
que guarda, como
un tierno recuerdo, en la memoria.

Autor: Xavier Rodríguez Ruera

Ilustración: Hodler, “taller de relojería en Madrid” (1879)


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