una esquina de La Boca (Pío Collivadino, 1946)


A comienzos del siglo XX Buenos Aires estaba cambiando vertiginosamente y Collivadino nos legó un rico reflejo de ese momento histórico reflejando la época con plenas escenas portuarias, rascacielos y flamantes avenidas del centro. Pero además de los nuevos edificios industriales, usinas y puentes, también reflejó casitas bajas y algún más que austero espacio. Por ejemplo, ha inmortalizado con maestría hasta una pequeña puerta verde en una casa del Buenos Aires del 1900.

En su obra además de las escenas portuarias, las grandes avenidas y los nuevos edificios -rascacielos o industriales- también colocó su ojo en el desbalance que esto generaba y en la distribución inequitativa del progreso, capturando también escenas de los barrios marginales, proponiendo así un escenario amplio y riquísimo en matices, capturando tanto la luminosidad de la ciudad, como la oscuridad luminosa de los suburbios durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Barracas, La Boca, el Riachuelo, los barrios marginales de la ciudad, calles de tierra iluminadas a gas; toda una ciudad en ebullición es lo que expresan las obras de Pío Collivadino, artista romántico y postimpresionista conocido como el primer paisajista urbano y moderno que supo hallar poesía en los barrios periféricos porteños. Fue el primero en eso de encontrar belleza en chimeneas, obreros y edificios en construcción.


Inmigrantes italianos anarquistas, masas de obreros al costado de barcos gigantes o almorzando durante su descanso, todo lo hizo con técnica refinada y un estilo por momentos puntillista, que alternó con gruesos empastes; Collivadino captó la luminosidad de la ciudad y los suburbios en una serie de obras que se despliegan a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX.

Pintó la sencillez de esas gentes, sus calles de tierra y sus viviendas de chapa pintadas con la pintura sobrante de los barcos que atracaban en el puerto bonaerense. Lo hizo siempre con una exquisita técnica que combina un dibujo muy sólido con los colores tan pronto aplicados en delicadas pinceladas casi puntillistas como con gruesos empastes de color.

Y lo más destacado de su pintura son los encuadres que elige, siempre muy fotográficos casi propios del emergente arte del cine. De esta manera vemos las austeras casas, los empedrados, las ropas tendidas, los postes torcidos de las farolas o el anuncio de gaseosa, tan imprescindible hoy como antaño en la dieta porteña.

Barrio de La Quema (1930), en cambio, describe la primera barriada precaria de la ciudad, con sus casitas construidas con cartones y maderas.

Collivadino hizo uso del divisionismo y de la pintura “atmosférica”, derivada del impresionismo. Pero a diferencia de Malharro, dedicó buena parte de su producción a la ciudad de Buenos Aires en el momento de su metropolización. Una ciudad que iba tomando un perfil nuevo fue capturada por el pintor en imágenes que eludieron los lugares que, desde el punto de vista de su papel en la consolidación de un imaginario nacional, parecían más significativas o típicas, como la Plaza de Mayo o el Cabildo. En palabras de Malosetti Costa, “se podría decir que sus imágenes indagan en la cultura de la ciudad –en las maneras de practicar el espacio– y a su vez le dan formas para ser pensada. Es una mirada que elude el pintoresquismo, apartándose tanto de una retórica nacionalista altisonante como de una mirada excesivamente crítica sobre el crecimiento urbano”.


Otras ilustraciones: “Cervecería alemana” (1915), “Barrio de La Quema” (1930) y “Escena de puerto” (1927).

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