la convaleciente

28 febrer 2020

“Confons el negre amb el blanc.
I em pregunto perquè.
Per què jo
no et puc aclarir aquest enigma”

(Montserrat Abelló)

En cada una de las diez
imágenes desvalidas
de la muchacha lívida
que sujeta este libro
evoco días aciagos
donde tú, hija, dejaste
lecturas inacabadas,
nuestras vidas a la deriva.

Sueño con una luz tenue
en una alcoba sombría.
En este silencio sólo
el hálito del esfuerzo.

Y una promesa que no desfallece.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Gwen John, “The Convalescent” (1914-20)

Los estudios contemplativos de mujeres solitarias en el entorno tranquilo de su hogar sugieren intimidad y paz, pero también una tristeza simultánea. No hay contenido narrativo, aunque el título de esta imagen, The Convalescent, sugiere una manera de leer la pintura. Al igual que gran parte del trabajo de Gwen John (1876-1939), se basa más bien en el estado de ánimo, la atmósfera y armonía de color. El impacto emocional es acaparador. No se sabe nada sobre el modelo, aunque aparece en aproximadamente cincuenta de las pinturas posteriores de Gwen John.

Esta es una de las diez pinturas muy similares que muestran a la misma chica sentada en una habitación llena de luz suave y pálida.

En todas ellas hay pequeñas variaciones. Sólo la posición de las manos y el libro sufren modificaciones casi imperceptibles. ¿Qué sentido tiene pintar y una y otra vez el mismo cuadro sin apenas variaciones?

 La contemplación de la pintura produce una sensación acogedora; hay una tristeza contenida; es agobiante y reconfortante a la vez.

La habitación sencilla y sin adornos, reducida a una sola pared plana con una franja de zócalo. Una mesa con una taza y una olla y una joven pálida en una silla de mimbre recostada en un gran almohadón blanco.

Esta atmósfera de serenidad melancólica es una muestra irrefutable de la vulnerabilidad de la propia vida.


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