mis muertos

3 Mai 2020


Voy a hablar de mis muertos.
También sé que son de otros
pero esos otros no conocen a mis muertos como los recuerdo yo.

He de confesar que mi mirada
hace tiempo que se torció en un cruce
y escogió la ruta equivocada (…)

Por eso, ahora cuando recuerda,
cuando pega la vuelta y mira cara a cara a sus muertos
—los míos—
el diálogo se presenta grande,
casi mágico y lleno de dolores.

Así que digo que voy a hablar de mis muertos
y no de los de mi hermana que le ahogarán entonces,
que sé que le han amputado una de sus vértebras.

Mis muertos son recientes.
Siempre lo han sido.
Porque no acaban de crecer y permanecen
con esos cabellos sin canas y sin prisas.
Son los primeros y los últimos
en ocupar los estantes vacíos del cementerio.
Son tercos en su lucha infatigable en la batalla
y con las uñas bien largas para saltar del precipicio y agarrarse
hasta de las ganas.
Estos muertos se escriben en clave femenina.
Tienen curvas y posan.
Sonríen siempre que pueden
pero a escondidas.
Nunca se les oirá gritar o hablar muy alto.
Esa es una cortesía de la casa; son generosos hasta con el silencio.
Calor y juventud duermen en sus manos,
cerca de sus muñecas. Y es que mis muertos
decidieron pronto cerrar la puerta
con la mirilla al descubierto.

Seguro que nos observan y nos duelen. Doy fe de ello.

Son unos muertos muy persistentes
que han jurado no bajar nunca la guardia.

Míralos,
ahí siguen,
tirándome de la manga del jersey para que no avance tan rápido,
para que no se desplome esa lágrima que arrastro cuando los nombro.

Autor: Iria Fernández Silva

Ilustración: Anna Ancher, “En la tumba”


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