los amos del mundo


Mira por dónde que
vinieron a la casa,
vaciaron la nevera, sedujeron
a mi hija,
escupieron en el suelo,
rompieron un jarrón,
aderezaron,
con unas gotitas
de pipermín,
el cerebro de mi hijo. Luego,
el de mi marido.
Y a pequeños sorbos
los bebieron
con cañitas y sombrillitas de papel maché.
Pero, claro,
al marcharse
barrieron la casa.
Y yo no pude hacer
otra cosa que sonreír. Y agradecer.
Como recompensa, me dejaron sobre
la mesilla de noche
unas píldoras
para la jaqueca.

Autor: Carol Gómez Pelegrín

Ilustración: Lucien Freud, “Doble retrato” (1985)

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