revelación o El relojero (Remedios Varo, 1955)


En “Revelación o El relojero” (1955) hay varias columnas de madera y en cada una de ellas un reloj. Marcan todos ellos la misma hora. Son las doce y cuarto. Y un mismo personaje en cada columna que la única diferencia de ser representado en diferentes épocas. El personaje que se repite en cada reloj tiene el pelo rojo como la propia autora.

En medio de este escenario se encuentra un relojero que representa, de acuerdo con Remedios Varo, el tiempo ordinario. En su mesa se encuentran todas las piezas y mecanismos para la construcción de un reloj.

Una persona vive en una habitación llena de relojes marcando la misma hora, y en vez de péndulos, se muestran momentos cotidianos. Las piezas de los relojes flotan y una entidad azul entra, quizá, dando cuenta de la materialización del tiempo, del sonido. En estos relojes, la escucha de los péndulos es intercambiada por la escucha de diversos momentos de la vida

En este marco, la labor del relojero se ve interrumpida cuando de pronto por la ventana se cuela el soplo de una revelación que le hace comprender muchísimas cosas. La revelación tiene la forma de varios círculos translúcidos, uno dentro de otro, que representan la entrada de la eternidad al escenario. Entonces se puede comprender por qué se detiene el tiempo en las columnas de los relojes. Los diferentes tiempos coexisten. Por eso marcan la misma hora. La revelación implica la simultaneidad del pasado, el presente y el futuro.


“El personaje está tratando de encontar el hilo invisible que une todas las cosas, por eso, en un pentagrama de hilos de metal, ensarta toda clase de objetos, desde el más simple hasta un papelito conteniendo una fórmula matemática que es ya en sí un cúmulo de cosas: cuando consigue colocar en su sitio los diversos objetos, soplando por la clave que sostiene el pentagrama, debe salir una música no solo armoniosa sino también, objetiva, es decir capaz de mover las cosas a su alrededor si así se desea usarla” (Remedios Varo)

En “Armonía” (1956) una persona —semejante al relojero de su obra anterior— tiene un baúl lleno de objetos diversos. Del suelo emergen presencias naturales o incorpóreas. Las últimas sean quizá los sonidos de la tierra, las vibraciones de donde emerge la música que produce la persona. Un pentagrama con clave de Sol contiene objetos de las más diversas procedencias, mientras que otra presencia con forma de mujer, ayuda a acomodarlos en el pentagrama. Ella, de mirada taciturna y calmada, guía la mano para que coloque una nueva declaración sobre cómo y con cuáles objetos escribir la música. A la derecha, otro pentagrama con la clave de Sol, espejeado con respecto a la primera, contiene objetos que dan forma a las aves, y es otra presencia femenina quien les da paso de la habitación al mundo —¿o será a la inversa? Es curioso que la primera clave de Sol parezca una suerte de corno anclado a un taburete. También hay un libro encima de un taburete con los cajones abiertos desparramando objetos, y una escalera para que duerma quien compone los sonidos. Un ave ha hecho su nido en el respaldo de una silla, mientras que una presencia etérea entra a la casa.

Els comentaris estan tancats.

A %d bloguers els agrada això: