la bañista de Valpinçon (Ingres, 1808)

18 Octubre 2020


En 1806 Ingres se trasladó a Italia para continuar con su aprendizaje. Como pensionado que era debía enviar anualmente una serie de obras a la Academia, que evaluaba sus progresos. Una de ellas es la Bañista de Valpinçon, en la que exhibe su ideal de belleza femenina.

Ingres cultivó el orientalismo sobre todo a través de sus desnudos femeninos. Son pinturas dominadas por un sentido irreal de exotismo, curvas sinuosas y exquisita belleza.

La composición está dominada por la figura de la mujer desnuda, siendo mínima la escenificación: una cama cubierta por una sábana blanca y una cortina de color verde a la izquierda.

El torso femenino está realizado con un gran refinamiento de contornos y de colores. La mujer está iluminada por los reflejos difusos de la toalla y del turbante que limita con líneas arabescas. La luz se concentra en la espalda de la mujer.

La gran figura está representada de espaldas, con un cuerpo bastante voluminoso, siendo casi un cilindro representado en un espacio cúbico, limitado por los tonos fríos de las paredes. No tiene rostro, ya que lo poco que se ve de él, está velado por la sombra. Pero junto a esta parte oscura, destaca una nota de luminosidad, la que pone la tela que le envuelve la cabeza, de color blanco que se torna cálido al contacto con los rojos del bordado. Este turbante que recoge el pelo de la protagonista trae reminiscencias orientales, justo en una época que asistirá al interés por todo lo que suene a exotismo.

El atractivo radica sobre todo en la monumentalidad de la figura individual. Presenta el ideal de belleza femenina de Ingres, a pesar de apreciarse algunas incorrecciones anatómicas, como la planta del pie hinchada, la excesiva delgadez de las piernas y la ausencia de caderas.

En cuanto al cromatismo, predominan los tonos cálidos de la piel de la mujer, que contrastan con el blanco puro de la sábana y el verde oscuro de la cortina.

Algunas personas sostienen una interpretación simbólica de esta pintura, dado que las sábanas, la cama, y la piel de la mujer son inmaculadamente blancas, mientras que la cortina que da privacidad al baño, a la izquierda de la obra, se encuentra en tonos oscuros. El acto de bañarse implica una limpieza, no solo corporal, sino del alma. Este símbolo es heredado del concepto cristiano del bautismo, donde se sumerge al creyente en agua para que sea lavado de pecado y convertido en una nueva persona.

O puede que sea sólo una mujer, una cama y una cortina.


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