la maja desnuda (Goya, 1800)

4 Març 2021


“En los museos,
como en las bibliotecas,
como en las estatuas públicas.
Sobran musas sin ropa.
Faltan creadoras.”

(Sonia San Román)

Existen pocas representaciones de una mujer desnuda que, en la historia de la pintura, hayan suscitado tantas interpretaciones novelescas y fantasiosas como La maja desnuda, de Goya.

El 16 de marzo de 1815, la Cámara Secreta de la Inquisición ordenaba: “Que se llame a comparecer ante este tribunal al llamado Goya para que reconozca y diga si son obra suya, con qué motivos las hizo , por encargo de quién y que fines se proponía ” Las dos Majas habían salido a la luz entre los bienes confiscados al ex ministro Godoy, pero falta el  documento del encargo y no sabemos cuáles fueron las respuestas que dio Goya al tribunal de la Inquisición .

Esta laguna ha inducido a creer que las pinturas representan a la duquesa de Alba, una fantasía romántica totalmente infundada desde el momento en que no hay semejanza en la fisonomía ni hay noticias de que los cuadros le hayan pertenecido.

Es muy probable, por el contrario que las dos Majas fueran encargo de Godoy, seguramente en forma de díptico de modo que la vestida tapase a la desnuda y, al levantarse (quizás por actuación de un mecanismo oculto en el espesor del marco), mostrara la versión sin velos. Sabemos que era el primer ministro español Manuel Godoy, príncipe de la Paz, quien poseía Las majas, de Goya, ya que se encuentran registradas con el nombre de Gitanas en el inventario de su palacio en 1808.

Auténtico elemento revolucionario de la pareja, La Maja desnuda retrata del natural a la probable amante de Godoy, Pepita Tudó, recostada en pose idéntica a la Vestida de manera que, al compararlas se crea la ilusión de la duplicidad.

En el caso de las Majas, los papeles tradicionales se han invertido; la Vestida si que es una imagen canónica, el prototipo de la maja engalanada, compuesta y disfrazada, con un rostro convencional. La Desnuda por el contrario, es el retrato de una mujer que posa sin pudor, acostada sobre una cama deshecha, sobre cojines de anchas franjas aplastadas, y está más que desnuda está despojada, como demuestra la comparación con el lienzo gemelo.

La mujer, completamente desnuda, aparece en la misma posición que La maja vestida, sobre un sofá verde recubierto por una colcha y por almohadas de color blanco. Para destacar el cuerpo del fondo liso, la ha instalado sobre un canapé de terciopelo verde, que no aparece en La maja vestida, donde, a pesar de los colores -cinturón rosa y bolero ocre-, la policromía parece menos viva.

El rostro es afilado y sutil, con almendrados ojos sin maquillaje pero vivos y móviles por esa gota de luz que les confiere una mirada profunda; los cabellos son castaños, mórbidos y rizosos y juegan con ellos reflejos más claros: todas características ajenas a la muñeca vestida. Pese a que pudiera ser una Venus, se trata de una mujer original y real, de carne y hueso. Mira directamente al espectador y se aprecia que no es recatada. Se acentúa con los brazos bajo la nuca y marcando con el vello púbico el centro del cuadro.


La Maja vestida no retrata a ninguna mujer en particular, sino que es la imagen de un traje. con su vestido de talle alto, que realzaba la rotundidad de los costados, la cintura estrecha y el seno abundante, y la españolísima mantilla de encajes negros echada sobre los hombros, figura un tipo pintoresco de mujer exuberante y sin reservas. Pero es una máscara. el tono de piel no es natural, blanqueado y encendido por las chapetas rosadas de las mejillas, los ojos pintados con bistre, la fisonomía redondeada y coqueta hacen de ella una venus prosaica, una muñeca humana.

La maja está tumbada sobre un costado en un sofá verde cubierto en parte con una colcha blanca y almohadones. Tiene las piernas ligeramente flexionadas y los brazos tras la cabeza. Está vestida con transparencias que se ajustan bajo el seno con un fajín de seda rosa y sobre los hombros lleva una chaquetilla amarilla con borlas negras. Calza unos chapines del mismo tono que la chaqueta. Bajo la cadera de la dama sobresale un objeto rojizo que algunos autores han interpretado como la empuñadura de una daga o puñal, aunque otros estudiosos creen que se podría tratar simplemente de abanico cerrado.


A %d bloguers els agrada això: