el panteón negro

10 Març 2021

Lo que podríamos llamar
el panteón negro de la literatura

(Enrique Vila-Matas)

Paul Verlaine
bebiendo y llorando solo
ante la imagen de Rimbaud
en el fondo verde
de su copa de absenta.

Rimbaud
que ya andaba lejos
de la elegancia de la desesperación
para ir en busca
de las mágicas formas
de la felicidad
que a todos alcanza.

Charles Baudelaire
quemando su herencia y su dones
con aguardiente
mientras el demonio
se agita alrededor.

Edgar Allan Poe
muerto, borracho, en una fría calle
empedrada de Baltimore
envuelta en misterio.

Y un servidor,
que por un maldito amor
casi no lo cuenta
si los del 112 y mi madre
no me hubieran despertado,
en mitad de mi suicidio,
para hacerme un lavado de estómago.

Cuidado, joven poeta.
Cierta poesía es un fuego salvaje.

Que no es bueno tragarse
más de tres poemas malditos
hasta la maldita poesía lo sabe.

Autor: Abel Santos

Ilustración: Henri Fantin Latour, “un rincón de la mesa” (Un coin de table) (1872)

Un rincón de la mesa es un retrato de grupo, tanto como un testimonio de la historia literaria del siglo XIX, del movimiento poético del Parnaso en particular. En la extremidad de una mesa, varios hombres se han reunidos después de una comida. Tres estaban en pie, de izquierda a derecha: Elzéar Bonnier, Emile Blémont, Jean Aicard. Cinco están sentados, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, Léon Valade, Ernest d’Hervilly, Camille Pelletan. Todos están vestidos de negro excepto uno, Camille Pelletan, que no es un poeta como los otros, sino un hombre político. Emile Blémont distinguido por su posición central adquiere el cuadro que da al Louvre en 1910.

Faltan por lo menos dos figuras: Charles Baudelaire, desaparecido en 1867, y al que el cuadro debía rendir inicialmente un homenaje, y Albert Mérat que no deseaba estar representado en compañía de los sulfurosos Verlaine y Rimbaud y se dice que fue sustituido por un ramo de flores.

Las expresiones de algunos de los poetas son magníficas, pero el bodegón de la mesa, con los restos de la comida, es impresionante.

Fue criticado el formato del cuadro, un lienzo ambicioso y pomposo con un tema que es abordado con una técnica academicista y profundamente convencional. Sólo la relevancia literaria de los retratados engrandece una pintura anodina.


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