Sanaa Ben Salah

11 Març 2021


¿Quién quiso arrebatar lo que era mío:
la impaciencia feliz de mi primera
noche de amor, la luz de las estrellas
sobre mi amado y yo, frente a las olas
de una playa, en las noches de septiembre?

¿Quién quiso arrebatar lo que era mío?

Yo tan sólo tenía trece años.
Y no había besado a ningún hombre.

Autor: Eduardo Jordá

Ilustración: Andrés Calderón Sánchez, “nocturno en Atocha” (2018)

En “Nocturno de Atocha” (2018) el pintor transmite la necesidad de superar la tragedia, manteniéndonos firmes en el convencimiento de los valores de la tolerancia y la convivencia. La pintura, contextualizada en la glorieta de Atocha, reúne diversos símbolos entre los que destaca la figura femenina sentada (alegoría de la España herida), con una flor en su mano, simbolizando la vida. Con el torso girado de espaldas a la tragedia, dirige su mirada hacia la escena de tolerancia representada en la obra. Luces trágicas en el cielo nocturno “roto de dolor”, el tratamiento pictórico del cielo condensa conmoción y tristeza en la oscuridad de la noche. A espaldas de la figura femenina hay un perro negro, que representa la fatalidad, el destino inevitable. Y en la esquina inferior izquierda figuran unas velas encendidas en recuerdo de las víctimas, que son el testimonio explícito de duelo. Entre la figura femenina y el fondo, un tren de Cercanías recorre todo el cuadro de derecha a izquierda, acercándose fatalmente a su destino.


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