el rapto de las sabinas (David, 1799)


El rapto de las sabinas (1799) es una de las obras más conocidas del pintor Jacques Louis David.

Jaques Louis David (1748-1825) fue uno de los mejores pintores de la estética neoclásica; su pintura realista y bien organizada, resultó fundamental para describir los acontecimientos históricos de su época. Fiel defensor de los ideales de la revolución francesa también participó del gobierno de Napoleón representando al emperador en diferentes momentos.

La obra que aquí se analiza representa una escena mitológica en torno a la antigua historia de Roma; según cuenta la leyenda romana cuando Rómulo fundó la ciudad de Roma tan sólo había hombres por lo que los romanos invitaron a los pueblos vecinos para que llevaran a sus mujeres a la ciudad. Sin embargo, la mala reputación de los hombres romanos hizo que ningún padre quisiera entregar a sus hijas a la ciudad; ante tal situación Rómulo invitó a los sabinos a celebrar unos juegos con la intención de aprovecharse de la distracción y raptar a las mujeres sabinas. Años después del rapto de las sabinas el emperador Tito Tacio decidió vengarse de Roma desencadenando una cruenta lucha entre sabinos y romanos. Las mujeres, desesperadas ante la muerte de sus padres y maridos, se interpusieron junto con sus hijos en medio de los dos bandos para detener la lucha.

Sin embargo la obra del pintor neoclasicista va mucho más allá de una simple representación histórica; con esta obra el artista planteó la necesidad de una reconciliación del pueblo francés tras los acontecimientos de la Revolución francesa. El tema histórico es utilizado por David como una alegoría de la situación que se vivía en Francia a finales del siglo XVIII.

El cuadro está perfectamente equilibrado, en la derecha están los maridos romanos, a la izquierda los padres y hermanos, en medio las sabinas con sus hijos intentando detener la batalla. Al fondo se ve el Capitolio. Aunque parece que hay muchos personajes, realmente este efecto lo producen la multitud de lanzas.

La composición creada por el artista es abigarrada y caótica, sin embargo los personajes representados no son tan números; el efecto se ha conseguido a través de una multitud de lanzas que salen disparadas de uno y otro lado aunque no se puedan ver los personajes que las sujetan.

A la derecha aparecen los hombres romanos, maridos de las sabinas, y a la izquierda los sabinos, sus padres y hermanos; ellas se sitúan en el centro de la composición junto con sus hijos interponiéndose entre los dos bandos. Especial mención merece en este sentido la figura de Hersilia, mujer de Rómulo e hija de Tito Tacio, que vestida de blanco y con una postura en aspa detiene a los dos guerreros.

Los desnudos anatómicos han sido profundamente estudiados y están basados en la estatuaria clásica; las posturas y gestos son variados y en ellos se aprecia la calidad de la pintura del artista. El dibujo predomina sobre el color sin embargo gracias a una paleta bien complementada el artista ha otorgado uniformidad a la pintura.

En primer término se desarrolla la escena principal, formada por figuras que parecen inmóviles, como congeladas para la eternidad. Estas figuras expresan la tensión contenida de la lucha. En cambio, en el segundo plano asistimos a figuras en tensión y pleno dinamismo, que se pone de manifiesto en los ojos extraviados de los caballos y exageraciones de sabinas.

Picasso tomó el motivo del rapto de las sabinas de las versiones que de él hicieron Poussin y David y en diferentes series desarrolló en la década de los 60 y a principios del siglo XXI una reinterpretación. Introdujo profundas transformaciones en el significado que le había atribuido la tradición hasta convertirlo en un grito de desesperación de los débiles frente a la opresión de los poderosos.

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