el mercado de Elizondo (Javier Ciga, 1914)

30 Abril 2021


El cuadro constituye un documento sociológico y etnográfico, que ilustra como era el mercado de Elizondo, donde las etxekoandres vendían sus humildes productos.

El cuadro es un alarde en cuanto a composición y perspectiva. El pintor, realiza un juego de luces y sombras. Capta la atmósfera, y crea un espacio real.
En cuanto a la interpretación iconológica, Ciga no se queda en los citados virtuosismos técnicos y concentra toda su atención en el alma de sus protagonistas, aquellas caseras de vida difícil, que hacían frente a una cruda realidad, marcada en sus rostros y reflejada en sus resignadas e inquietantes miradas. Destaca la figura central, revestida de una gran dignidad moral. Su mirada incisiva, directa, nos interroga y nos lleva a hacer una reflexión sobre la condición humana.

La obra de Javier Ciga Echandi (1877-1960), hunde sus raíces en el posromanticismo y en el Realismo; del primero tomará su amor a la tierra y a las gentes que inspiraron su obra, del segundo su obsesión por plasmar la realidad, sin caer en el academicismo o el perfeccionismo vacío, logró trascender a lo que verdaderamente es importante y está detrás de la apariencia, que es el ser y la esencia que dan sentido y fundamento a su obra.

Ciga fue un pintor de amplio espectro, que trató géneros y técnicas muy diversas: retrato, pintura etnográfica y religiosa, paisajes vascos…

En “Cuadra” Ciga utiliza por primera vez, ya en 1910, el juego de luces y sombras aprendido de la observación directa de las obras velazqueñas, que más tarde pondrá en práctica en sus obras maestras. Un potente foco de luz que procede del exterior, al fondo, ilumina toda la estancia creando otras zonas de sombra y de transición a las mismas, representando así el espacio real donde se reparten los animales y las figuras femenina y masculina en el instante de realizar sus faenas, en un hábil ejercicio de composición y de cuidado detallismo en cada uno de los objetos y animales presentes.

“Niño con cerezas” (1910) es una soberbia obra de gama cromática sobria, de grises, pardos y ocres, avivada por los elementos rojos y naranjas del bodegón. Bien podía ser un niño de la calle, del Madrid de principios de siglo, un pícaro de apariencia pobre e interior rico, castigado con una vida difícil desde su más tierna infancia, que Ciga, como buen psicólogo, hace aflorar en este rostro un tanto enigmático y melancólico.

Dentro de la temática de las partidas de mus destaca esta obra, “Mus” datada entre 1925 y 1930. En ella aparecen siete figuras. La escena transcurre en el interior de una taberna; sobresale el magistral juego de luces y sombras y de sus zonas intermedias, creando así un espacio real. Las figuras de los hermanos Agustín y Eulalia Ariztia (cuñado y esposa del pintor) aparecen más abocetados y limitan el espacio del fondo. La escena se localiza en la Fonda Ariztia de la casa Etxenikea de Elizondo.

En una composición casi circular y muy armónica capta la esencia del juego, en la interrelación de las miradas vivas, astutas y hasta maliciosas, de los distintos personajes haciendo un estudio psicológico de los mismos. Entre ellos destaca la elegante figura del que está mirando, con bigote y anteojos binoculares (su pariente Simón Gartxitorena) que asiente con su mirada. La mesa marca un eje transversal, donde Ciga se recrea en los distintos objetos del juego como son los hamarrekos, cartas y el vaso de vino con sus transparencias


triángulo

29 Abril 2021


Una mujer frente al mar,
La mirada extraviada
donde se ahogan los náufragos.
En el exordio de la tragedia,
allí donde comienza la leyenda.
En el mismo centro del misterio.

Un hombre inmóvil
en la baranda del paseo.

Si ella
se volviera
girara la vista atrás
y lo reconociera…
Todo volvería a comenzar.

La mujer,
sin embargo,
ansía sólo
el retorno del pirata.
Bastaría que los peces
devolvieran el cuerpo entero
de su enamorado
para dejar de abrazar
en la cama vacía
a un fantasma ahogado en ron.

Autor: Javier Solé

Fotografía de Eugenio Recuenco

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)


bagno penale en Portoferraio (Telemaco Signorini, 1894)

28 Abril 2021


El Bagno Penale en Portoferraio es una pintura del pintor Telemaco Signorini (1835-1901). Pintado entre 1893 y 1894, es una de las obras más famosas del pintor.

En esta obra describe la realidad de la colonia penal de Portoferraio y documenta documenta una visita oficial de las autoridades dentro de la prisión.

Las autoridades del recién formado Reino de Italia visitan la colonia penal de Portoferraio. Los internos usan los uniformes compuestos por una gran túnica y un par de pantalones de la misma tela. Los hombres, encadenados, tienen una expresión seria y abatida, mientras que los dos oficiales, escoltados por policías, avanzan por el pasillo. Signorini organizó a los internos en dos filas paralelas, alineadas a lo largo de los muros perimetrales. Los internos están uno al lado del otro, con los brazos abandonados a los lados y la cara baja. Algunos de ellos parecen curiosos y, tal vez, preocupados; los funcionarios que revisan las dos filas.

La pintura representa la condición violenta de los prisioneros en el área penal de Portoferraio. Los prisioneros, dispuestos en dos filas paralelas, visten los uniformes clásicos, formados por una gran túnica y un par de pantalones a rayas, y todos tienen las muñecas encadenadas por una pesada cadena. Algunos de estos hombres tienen una expresión abatida y cansada, otros tienen una mirada casi intrigada mientras observan a los dos oficiales avanzar en el corredor, escoltados por agentes de policía. El ambiente es desnudo y las paredes están sin yeso. Solo hay un punto de luz, la ventana, desde donde pasa una luz blanca que ilumina débilmente el interior. Los colores del fondo no son claros y contrastan con los contornos marcados de los prisioneros; Esto transmite una sensación de ansiedad y tensión.

Los rostros demacrados de los convictos encadenados se devuelven con una serie de colores oscuros, que reflejan bien la opresiva situación existencial de la vida en prisión. La luz se concentra detrás de los inspectores, determinando los efectos estudiados del claroscuro en toda la escena.

El ambiente es húmedo, arruinado y desnudo y las paredes están sin yeso. Al final del largo corredor hay una ventana con barras verticales entre las cuales se filtra una luz blanca que ilumina débilmente el interior. El piso está pavimentado con azulejos rectangulares dispuestos para formar un patrón regular.

La tosquedad del tema se refiere a la literatura naturalista de Verga y Zola. Con este trabajo, Signorini se aleja del tema de los paisajes y se acerca a una pintura más psicológica centrada en el papel del hombre dentro de la sociedad.


poética

27 Abril 2021


Es posible que estemos confundidos;
que acaso por haberles
hecho excesivo caso a los dictados
de una noche confidencial,
o a los razonamientos
precisos del insomnio, muchas cosas
que parecían claras
permanezcan oscuras. Y que hayamos
olvidado otro modo de pensar
anterior, más abstracto, parecido
a ese juego de niños que consiste
en encajar figuras en un hueco
con forma de manzana, de triángulo,
de estrella (más bien pienso
en un niño obstinado, que se empeña
en poner el triángulo en el hueco
de la estrella)… O, tal vez,
en el fondo se trate de otro juego
más simple, consistente en juntar cosas
desiguales, que evocan otras cosas:
un caracol, un ábaco, un sombrero
que son el tiempo, el miedo, la cercana
presencia de la muerte (de la muerte,
que es un niño que encaja una figura
de pájaro en el hueco de una luna);
para acabar sacando del sombrero
–y aquí es inevitable hacer de mago,
son gajes del oficio–
un paraguas que se abre y del que salen
palomas silenciosas que nos dejan
un nudo en la garganta. Y uno, en ese
momento, balbucea como un niño
(otra vez ese niño de antes, ya
cansado y aburrido)
y se escucha a sí mismo y se consuela
buscando en el dibujo de la alfombra
la pieza que le falta, la silueta
cambiante de la nube
que se le escurre siempre entre los dedos.

Autor: José Manuel Benítez Ariza

Fotografía de anke merzbach


interrogante

26 Abril 2021


“Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo”

(Miguel Hernández, fragmento del poema “Hijo de la luz y de la sombra”)

Somos dos ancianos
que pasean su pena
por las cafeterías
del boulevard.

Me pregunto, amor
cómo afrontaremos
estos años de penuria
ahora que su recuerdo
parece lejano
pero habita cada día
en nuestra casa
y en una cama vacía.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Gary Bunt

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)


Moulin de la Galette (Maurice Utrillo, 1922)

25 Abril 2021


Maurice Utrillo (1883-1955), pintor francés, hijo de la pintora Suzane Valadon que le introdujo en el mundo —y en el submundo— de la bohemia parisina de principios del siglo XX: para la bueno y para lo malo. Su carácter débil le precipitó al alcoholismo y ya a los dieciocho años hizo su primera cura de desintoxicación, momento en el que se inició su afición a la pintura. Sus problemas con la bebida condicionarían su trayectoria vital y pictórica, ya que sus visitas a centros de salud fueron constantes a lo largo de su vida.

En sus inicios, imitó las formas impresionistas de Sisley, Pissarro y Raffaelli, pero hacia 1902 comenzó a pintar paisajes sórdidos acordes con su estado de ánimo. En 1907 se desligó de las influencias impresionistas y se inició su denominada “etapa blanca”, época de gran fecundidad. Dejando atrás épocas en las que predominaron los tonos rojos y azules, su obra comenzó a sentir la influencia de su madre y adquirió una gran madurez.

La relación y su madre siempre fue estrecha. Suzanne trató por todos los medios de disuadirle para no convertir su afición al alcohol en un problema grave de salud, pero en la primera década del siglo XX, Maurice era uno de los borrachos oficiales de Montmartre. Cuando no bebía, pintaba. Ninguna de las dos cosas se le daban mal.

El joven Maurice no se devanaba mucho los sesos para buscar motivos para sus obras. Pintaba lo que veía delante suyo. Y delante tenía Montmartre… Sea como fuere, los cuadros blancos de Utrillo son únicos en la historia del arte francés de vanguardia. Al empaste blanco aplicado con espátula se le añade yeso, creando una emocionante vibración cromática que otorga a las obras de este periodo un fulgor mágico.

Casi todos los comercios de Montmartre tenían un utrillo a principios de siglo. Por aquellos tiempos, los habitantes del bohemio barrio de París ya estaban al corriente de la pujanza del arte de vanguardia que se cocía en la ciudad. Cuando Maurice le ofrecía al frutero un cuadro a cambio de un cesto de manzanas, este lo guardaba… por si acaso. No parecía que aquel joven alcoholizado fuese a durar mucho, pero tal vez un día alguien lo declare genio y sus cuadros valgan miles de francos.

Maurice Utrillo es un especialista en pintar atmósferas. Sus escenas no sólo reflejan “lo que se ve” sino que con pocas pinceladas transmiten el clima, el espíritu del barrio, y se vuelven verdaderos referentes de aquel Montmartre donde ha nacido, y donde están el Moulin de la Galette, el Lapin Agile y gran parte del mundo artístico parisino.

Una figura importante en Pintura francesa de principios del siglo XX, el prolífico artista nacido en Monmartre Maurice Utrillo es mejor conocido por sus vistas de postal de calles y colinas parisinas, caracterizadas por perspectivas agudas y calles desiertas, todo ejecutado en su estilo idiosincrásico de posimpresionista, utilizando colores pálidos, especialmente blancos, aplicados con pinceladas sueltas empaquetadas. En la década de 1920 su pintura disfrutó de un gran éxito popular, y sus interpretaciones poéticas de Monmartre ayudaron a definir la imagen romántica de la localidad. Sus temas siempre se limitaron a las vistas urbanas de Montmartre o los suburbios de París y a algunas iglesias y edificios provinciales. Su originalidad radica en su concepción del espacio, con perspectivas abruptamente ascendentes y descendentes, las líneas curvas de las calles y los volúmenes de casas que se crean, paralelas a Cubismo , un estilo excepcionalmente vital. Al El otro lado de su arte, sin embargo, muestra un conmovedor expresionismo: las paredes leprosas de los barrios bajos, la repetición alucinante de ventanas negras, el vacío de caminos y pavimentos. En su primer período logró efectos sorprendentes con el vuelo de las calles a través del lienzo, el ímpetu creciente de un campanario de la iglesia, la desesperada desnudez de ciertos rincones olvidados de los suburbios.


Otras ilustraciones: “the restaurant on the hill montmartre” (1914), “the kiosk” (1910) y “La Place du Teatre” (1910)


flor de loto tibetana

24 Abril 2021


Hay un canto
monótono
continuo
persistente
desamparado.

Habla de
la resina de los pinos
de la nieve en la pradera
las pavesas de la viga
del abrazo en el vacío.

Descubrirás,

en la monotonía su armonía
en su tenacidad la perpetuidad
en la reiteración su convicción
en su desamparo la compasión.

Muda el hogar en templo.
Flor de loto tibetana.

Invoco
el delirio de la niebla.

Autor: Javier Solé

Ilustración: Isaac Levitan, “Nenúfares” (1895)

Del libro de poemas “Latido de cenizas” (ISBN 978-84-1350-949-5)


vamos

23 Abril 2021

Frío en la plaza.
Cuchillo oxidado
en la piel blanca.
Hambre de muchos
consuelo de ricos.
Desamor.
Dolor de sombrero.
Miedo al mañana muerto.
Salpicadura del charco.
Paraguas que da vuelta un viento.
Árbol seco.
Inundación.
Desierto.
Y mientras tanto vamos andando.

Autor: Gabriel A. Jacovkis

Fotografía de Anke Merzbach

Fuente original:

https://paramiuncortado.wordpress.com/2015/02/22/vamos/


volutas de humo

22 Abril 2021


Una luz diagonal las ha encendido
en medio de la tibia sobremesa,
ha puesto al descubierto su volumen,
su blanda arquitectura sin relieve.

En cíngara espiral gravitatoria
demoran su camino hacia el olvido,
peonzas de la brisa
subiendo hasta la cima donde el aire
las va desdibujando lentamente
en grácil contorsión de nebulosas.

Y es tan breve el destello que las prende,
tan breve su vagar `pero tan hondo
el mágico secreto de su enigma,
la efímera lección de lo que somos,
pedazos de presente,
partículas de nada, apenas humo,
volutas de humo azul alzando el vuelo.

Autor: Lola Mascarell

Ilustración: Armand Guillaumin, “La Seine à Ivry” (1870)


espantaocells

21 Abril 2021

príncipe del horizonte
baliza de peregrinos
títere de la esperanza
asceta de la tristeza.

Estos días luminosos
que ensombrecen los recuerdos.

Un pajarito en mis brazos.

Autor: Javier Solé

Fotografía: Antoni Campanya, “espantapájaros” (1934)


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