boulevard Saint Denis, Argenteuil en invierno (Monet, 1875)

8 Mai 2021


“Boulevard Saint-Denis, Argenteuil, en Invierno” (1875) captura el momento en el cual se produce un cambio climático. Un grupo de personas con paraguas avanza en la calle luchando contra el viento y la nieve, mientras el sol se prepara para salir por entre las nubes.

El oscuro primer plano del paisaje, compuesto de verdes, marrones y blancos, se transforma en un fondo más brillante de beiges y azules. Las cercas que convergen en el centro de la composición realzan las diagonales creadas mediante el color.

Monet captó escenas de la naturaleza igualmente sobrecogedoras en series como “La debacle” y “Cuando se rompe el hielo”. El río Sena se congeló durante el crudo invierno de 1879-80, así que cuando las temperaturas subieron, en enero, el hielo se rompió y se desplazó flotando por el río.

Monet dedicó un conjunto de telas a la débâcle, el deshielo que se produjo a las bajas temperaturas de diciembre de 1879 y enero de 1880 que helaron el cauce del Sena. Esta serie constituyen la culminación del naturalismo plenairista, como ejemplos inigualables de la captación de los efectos de un determinado instante, produciéndose el primer alejamiento intencionado de Monet del movimiento impresionista para iniciar un nuevo camino de mayor libertad creadora.

Las catorce pinturas que componen la serie están fechadas entre 1880 y 1882, lo que viene a corroborar que fueron reelaboradas en su estudio de Vétheuil. Monet abandonó la idea de pintar exlusivamente a partir de la observación directa del natural debido a la imposibilidad de captar un fenómeno natural tan vertiginoso, pero también por una transformación voluntaria de su método de trabajo. A través de la superposición de distintas capas de color, Monet va construyendo la superficie y el espacio; la pincelada se hace más expresiva y la pintura más métrica y empastada. Por otra parte, la forma en que Monet traduce pictóricamente el fluir del hielo sobre el agua convierten estas imágenes en una metáfora de la licuefacción del tiempo en un estado de eternidad que las acerca a la estética de lo sublime.


El mes de enero de 1893 fue muy frío, nevó muchísimo y el Sena se congeló. Monet, que ya llevaba diez años instalado en Giverny, aprovechó para pintar una serie de lienzos del río durante su deshielo, entre ellos “Témpanos de hielo”. La pequeña isla con árboles que vemos en el centro es la Ile de la Forée, que estaba frente a la costa de Bennecourt (relativamente cerca de la casa del artista). El deshielo acabó a fines de enero y Monet tuvo que rematar algunos de estos cuadros en su taller, pero la mayor parte están pintados in situ.

Apenas quedan unos pocos témpanos de hielo flotando sobre el agua, pero la combinación de la nieve con la niebla de la mañana crea una atmósfera casi mágica. La orilla del río divide el lienzo en dos mitades perfectas, prácticamente simétricas, con los árboles reflejándose en el agua. A simple vista, lo único que las diferencia son los témpanos de hielo, pero si nos fijamos bien, veremos que el artista, con una sutileza casi imperceptible, ha sido capaz de diferenciar perfectamente los dos elementos: el agua, con su superficie brillante de reflejos distorsionados, y el aire, con ese tono mate provocado por la niebla, tan espesa que casi puede tocarse. Y todo esto pintado únicamente con blancos, grises y violetas.


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