almuerzo sobre la hierba (Manet, 1863)

11 Mai 2021


En 1863, Manet sorprendió al público francés al exponer su Déjeuner sur l’Herbe («Almuerzo sobre la hierba»).

La pintura causó una gran indignación entre los críticos, los artistas académicos y el público cuando Manet pretendió inscribirla en el Salón de 1863.

El escándalo que causaba una mujer desnuda desayunando despreocupadamente con dos hombres completamente vestidos, lo que ofendía a la moralidad de la época, se acentuaba por el hecho de que las figuras eran reconocibles.

El cuadro representa un almuerzo en un bosque, cerca de Argenteuil, donde discurre el Sena. La mujer desnuda, la modelo de Manet, Victorine Meurent, cuyo cuerpo está crudamente iluminado, mira directamente al espectador. Está sentada sobre una tela azul, probablemente una parte de las ropas que se ha quitado. Los dos hombres son el hermano de Manet, Gustave y su futuro cuñado, el escultor holandés Ferdinand Leenhoff. Están vestidos como dandis. Los hombres parecen estar ocupados conversando, ignorando a la mujer. En frente de ellos, se muestran las ropas de la mujer, una cesta de frutas, y un pan redondo, como en un bodegón. Un bodegón erótico en un picnic burgués. En el fondo, una mujer ligeramente vestida vadea una corriente.

El escándalo se debió principalmente al tema que pintó Manet: dos hombres jóvenes, que podrían bien ser unos estudiantes, charlando en compañía de dos mujeres desnudas, que muestran sus anatomías comunes sin el más mínimo pudor, aunque una de ellas no está completamente desvestida. No son diosas, ni ninfas, ni bañistas, ni nada por el estilo, son mujeres comunes y corrientes; además una de ellas mira desafiante al espectador con una leve sonrisa y sin ningún recato. Acaban de tomar una merienda campestre, cuyos restos se ven abajo a la izquierda, al lado de las ropas que se han quitado las mujeres. Al fondo se puede ver un río de mansa corriente y una barca, y una de las mujeres al parecer lo está vadeando, o quizás se va a bañar en él.

Habrá que imaginarse el escándalo de las “gentes bien” al contemplar este cuadro, pues las connotaciones son evidentemente sexuales y lascivas, totalmente contrarias a la moralidad conservadora (aunque hipócrita) de la época. Resulta que una mirada más sutil revela ciertas claves aún más directas del contenido sexual de esta pintura; por ejemplo, podemos observar que la mujer de la mirada desafiante tiene su pierna derecha en medio de las dos piernas del personaje masculino que está a su frente y su pie señala indirectamente a los genitales de éste. El otro personaje masculino ha apoyado su mano derecha detrás de la mujer, en una zona cercana a su trasero y, por la posición inestable en la que está su cuerpo, parece como si acabara de abrazar a la mujer, o bien se dispone a hacerlo. No sabemos cuál es la naturaleza de la conversación que están teniendo los dos hombres, pero el personaje de la derecha ha levantado su brazo y señala sutilmente a la mujer, ¿se están poniendo de acuerdo para ver quién la va a poseer a continuación?

Por otra parte, algunos pintores academicistas y numerosos críticos rechazaron la modernidad del estilo, desde el punto de vista cromático y compositivo y señalaron las “incorrecciones” que tenía el cuadro, no sólo en lo que se refiere a la temática, sino también a la técnica y la perspectiva; la falta de escala de la figura de la mujer que está al fondo respecto al contexto de la perspectiva general y entre la figura y la barca que está relativamente cerca de ella. La iluminación general no permite apreciar muchos contrastes entre luz y sombra. También se ha señalado que el fondo no es para nada convincente, ya que está pintado con aparente dejadez y parecería que está sin acabar.

Sin embargo, lo más destacado de la pintura es el uso del color, un color casi plano, sin excesivas gradaciones, donde los verdes oscuros del bosque y los trajes negros de los dos señores casi enmarcan por completo la blancura del cuerpo desnudo de la mujer en un primer plano, lo que todavía le concede más protagonismo a la joven y llama poderosamente la atención del espectador.


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