paseo por la capital

17 Mai 2021

Esperarte, siendo todo lo que espero.
Me han precavido, cuidado,
es posible que no vengan
en un mundo con tantos caminos
y tan poblado. Te espero,
qué podré hacer sino esperarte.
Vendrás con una sonrisa gris
con una tarde fría y yo
te las borraré por mi voz
quebrada en el encuentro.
Nos diremos los nombres
para distinguirnos en la oscuridad,
convertiremos las calles
en promesas inolvidables.
Nos apagaremos las heridas
y descubriremos los árboles solitarios.
La tristeza tendrá tu descuido
de venir a mi llamado
y la impaciencia será mi vida
de todos los días.

Autor: Luis Luchi

Fotografía: Joan Colom, serie “La calle”, Barrio chino de Barcelona (1961)

“En la Rambla hay prostitutas, turistas, delincuentes, policías… y yo”

(Joan Colom)

Sus fotografías de la vida cotidiana del Raval barcelonés, entonces Barrio Chino, fueron el reflejo de otra Barcelona, real, oculta e incómoda ante unos mandatarios que solo querían vender bienestar, estabilidad y progreso económico. Pocos se atrevían a penetrar por un sector de la ciudad lúgubre, insalubre e inseguro, acercarse a las gentes pobres, a menudo de trato difícil, y a contemplar sus alrededores como si fuera bello el paisaje de una decadencia.

Si algo caracteriza las fotografías de Colom es la gran carga expresionista contenida en los personajes que aparecen. Solo una persona de gran sensibilidad podía captar las emociones y los sentimientos humanos de aquella manera, solo alguien dedicado a la fotografía con entrega, pasión, amor y devoción, nunca por interés lucrativo y comercial. Son imágenes hermosas desde el punto de vista profesional, técnico y artístico, pero nada de lo que se muestra es bello o de gran belleza. Sin embargo, el contenido es tan inmenso que permitiría contemplar durante horas todas y cada una de sus fotos, porque ellas solas explican muchas historias de una realidad a menudo incómoda.

Joan Colom fue un fotógrafo de la calle porque fue un hombre de calle, un lector del paisaje urbano donde a través de la imagen captó, leyó e interpretó aquello que había visto tras el objetivo. Siempre buscaba el “qué” y no el “cómo”. Y a menudo lo hacía directamente a través de su propio ojo, pues para evitar posibles conflictos realizaba las fotos escondiendo su cámara de modo que nadie se sintiese intimidado. Su mirada fotográfica, instantánea, captaba aquello que a priori no observamos pero que sucede y allí se encontraba.

Su trabajo en el barrio chino –un territorio abyecto poblado de marineros tambaleantes, pechos erguidos asomando desde los umbrales de oscuros portales, prostitutas enanas y deformes, la vida oculta de unos clientes inflamados por el deseo–, aquello que le dio visibilidad y constituye “una de las obras maestras de la fotografía española”.

Colom ha utilizado siempre un método de fotografiar sin mirar con el visor, con la cámara dispuesta al extremo del brazo, a la altura de la rodilla. De ahí la vitalidad y la fuerza de sus instantáneas. Las prostitutas no posan, no saben que están siendo fotografiadas, no miran jamás a la cámara, a veces están de perfil, de culo, ignorantes de que una cámara las acecha.

Más información:

http://www.lahornacina.com/semblanzascolom.htm


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