la Guerra (Marcel Gromaire 1925)

Considerado por unos como pintor expresionista y por otros como cubista, Gromarie fue crítico con el trabajo de unos y otros y defendió un arte figurativo que tuviese como referente al individuo frente a investigaciones plásticas más complejas.

Su obra más emblemática es del año 1928: La guerra. La rigidez de las figuras, su restringida gama cromática y su acercamiento a perspectivas cubistas en la composición y expresionistas a la hora de dotar a sus figuras de volumen, convierten a esta obra en una de sus composiciones más características. Gromaire fue movilizado durante la Primera Guerra Mundial, y las experiencias vividas en el frente le marcaron, como a otros muchos artistas de su generación. Su visión del conflicto bélico se traduce en un sentimiento de desesperanza. El carácter repetitivo y deshumanizado de sus figuras, de rotundos volúmenes, hablan de una generación que, como autómatas, se dirige hacia su autodestrucción.

En La Guerra, Marcel Gromaire representó en una trinchera a cinco soldados con yelmo, encerrados en abrigos-corazas: tres esperando el eventual asalto; los otros dos miran la tierra de nadie a través de una hendidura en una placa de acero. Con medios plásticos cercanos al cubismo, simboliza la lucha armada a escala industrial llevada a cabo por humanos-robots. Estos últimos parecen congelados, casi mezclándose con el paisaje (solo el color azul horizonte de su uniforme los distingue del muro de la trinchera) hasta el punto de asemejarse a bloques de piedra, estatuas colosales de formas redondeadas (el equipo). y empinado. Solo las manos han mantenido una apariencia humana. Estos soldados son grandes estatuas, rígidas, hieráticas, deshumanizadas.

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