at Last, my Lovely (Jack Vettriano, 2020)

En este cuadro, la luz es esencial y, a su vez, es la clave para una composición equilibrada y una gran fuerza expresiva. La sombra engrandecida de la mujer en el fondo no es azarosa, demuestra un juego de poder entre los amantes, donde ella parece tener la ventaja: el semblante de él se vuelve apacible cuando ella acaricia su cara. Deposita sus manos en los muslos de la mujer en un gesto levemente lascivo.

Jack Vettriano es un pintor escocés que puede recordarnos, entre otros artistas, a Hopper, sobre todo por sus silencios y su sugerente estética, que nos recuerda a épocas pretéritas y más elegantes. Vettriano consigue narrativas ambiguas cargadas de sensualidad y en algunos casos de violencia, y ambientadas en lo que parecen universos inspirados en el cine negro.

Autodidacta, Jack Vettriano era ingeniero de minas hasta que empezó a experimentar con acuarelas. A finales de los años 80 ya se decidió a exponer y a estudiar arte en la Royal Academy, iniciando una carrera fulgurante como artista.

Explícitamente figurativo, su estilo tiene mucho de la estética del Hollywood clásico en un mundo donde el pasado y presente parecen entrelazarse. Parejas en actitudes eróticas, bailes en la playa, clubs nocturnos… En sus cuadros se cuenta algo, y es el espectador el encargado de darle sentido.

Vettriano consigue narrativas ambiguas cargadas de sensualidad, en algunos casos de violencia, y ambientadas en lo que parecen universos inspirados en el cine negro. Sus obras se asemejan a los encuadres cinematográficos de películas protagonizadas por Humphrey Bogart y Lauren Bacall. La obra del artista es atrevida y romántica a la vez: vemos a amantes que desean amar o que esperan el amor. Sus lienzos están cargados de un deseo incontenible que se concreta una vez que los personajes se miran. Vettriano es un pintor de pequeñas grandes historias, de vida y emoción, como si el propósito de la vida fuera vestirse para un baile y terminar la noche con un encuentro apasionado.

La crítica lo detesta este pintor. Hace, según ellos, porno suave mal concebido, o pintura erótica sin cerebro, pero el público parece adorar sus cuadros, que cuentan con millones de reproducciones comerciales baratas con las que ingresa una buena suma anual en concepto de derechos de autor.

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