víctimas de la fiesta (Darío de Regoyos, 1894)

“Una España silenciosa, provinciana y oscura”

(Verhaeren)

La obra Víctimas de la fiesta representa la España negra, que tiene por costumbre recoger los cadáveres de los caballos que han sido víctimas de los toros en las corridas de toros, y que se transportan a las afueras de la ciudad. La escena principal es un paisaje árido español, donde se encuentran caballos muertos en el suelo, rodeados de hierbas secas, y otros cuerpos sobre un carro de transporte de la época. Los animales aparecen en un estado de descomposición bastante detallada, con los ojos desorbitados y la boca abierta enseñando los dientes, una realidad desagradable que Darío de Regoyos plasmó en una superficie relativamente pequeña.

Darío de Regoyos fue uno de los pintores más importantes de finales del siglo XIX, pues será el responsable de introducir la pintura moderna en España. Esto fue gracias a que su formación como pintor paisajista concluyó en Bélgica, donde sus profesores le dejaban pintar al aire libre y con total libertad.

Una vez en Bruselas, el pintor asturiano formó parte del Círculo L’Essor, pero dejó el grupo por diferencias artísticas. Poco después creó un grupo más revolucionario llamado Les XX, con amigos tan destacados como James Ensor. Es aquí cuando empieza a definir su estilo como artista impresionista, ya que lo que más le gustaba era reflejar con pinceladas sueltas y coloridas cómo cambiaban los paisajes con las luces; aunque también tuvo su periodo puntillista influido por Seurat. Al volver a España se codeó con el círculo artístico vasco. A Regoyos le gustaba tanto esta región que se rumorea que llegó a inventarse un antepasado vasco para ganarse la simpatía de los artistas locales. Lo cierto es que le salió bien la jugada e hizo muchas amistades, entre las que destaca Zuloaga. Del País Vasco, lo que le atraía a Regoyos eran los efectos atmosféricos, los paisajes y la integración de elementos modernos (como el tren) en la naturaleza.

En uno de sus viajes por España, le acompañó su amigo, el escritor Émile Verhaeren. Fruto de este viaje salió el libro España Negra, ilustrado con xilografías por Regoyos. Esta obra recogía la idea de un país retrasado por la crisis, influido por la religión y las tradiciones. Su visión pesimista quedó respaldada por la generación del 98. A su vez, se muestra con un estilo más oscuro, tenebrista, y simbolista en las pinturas y grabados del artista. Como resultado de este recorrido por la España pueblerina, tradicional, y estrictamente religiosa, el artista plasma sus impresiones en una serie de lienzos, pasteles, acuarelas y dibujos, acercándose en cuanto a la forma expresiva se refiere, a un simbolismo por entonces algo prematuro

De este periodo son obras “Hijas de María”, “Viernes Santo en Castilla” o “Noche de Difuntos”.

Serie donde las mujeres son abrumadora mayoría, un papel importante como soporte de la tradición espiritual y familiar, muy alejada de la visión de castañuelas y pandereta… Con esta serie quiso mostrar la lejanía de España de los estreotipos de castañuelas y fandangos.

En “La fe te salva” (1886) representa a una mujer de cierta edad vestida con hábito que, sentada en una silla de enea y con el rostro compungido, parece estar rezando el rosario, ayudándose para ello del cordón que pende de su cintura.

En Hijas de María” (1891) representó una típica procesión de Semana Santa con una factura tosca y primitivista que explica la génesis de Solana, el último gran representante de esta visión de nuestro país.

En “La diligencia de Segovia” (1892) refleja una diligencia de mulas y figuras vestidas con traje popular; podría parecer una visión folclórica, pero contiene cierto antifolclorismo: no refleja una visión andaluza de lo español, sino castellana, a través de figuras campesinas cuyo atavío no ofrece ninguna vivacidad ni exotismo.

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