Proserpine (Dante Gabriel Rossetti, 1874)

28 gener 2022

Este cuadro nos muestra el momento exacto en el que Perséfone come varias semillas de una granada, condenándose así a permanecer junto a Hades.

La historia de Perséfone (o Proserpina para los romanos) explicaba el paso de las estaciones en la mitología clásica. Perséfone, hija de la diosa de los cultivos, fue raptada por Hades, dios del Inframundo, mientras cogía flores en un prado. La tierra se abrió y por ese recoveco, el dios del mundo de los muertos se llevó a la hermosa Perséfone. Durante días, su madre Deméter la estuvo buscando, descuidando así los cultivos y la naturaleza. Deméter imploró ayuda a Zeus, quien, viendo el efecto devastador de la tristeza de la diosa sobre la naturaleza, decidió ayudarla. Irían a recuperar a Perséfone, que podría abandonar el Inframundo siempre y cuando no hubiese comido nada.

Pero Perséfone había comido varias semillas de granada. Es evidente el paralelismo con Eva: ambas comen de un fruto prohibido obteniendo así un castigo, una condena de por vida. También cabe decir que la granada, al igual que la manzana, tiene connotaciones sexuales a nivel iconográfico.  

Entonces Zeus y Hades acordaron que la joven Perséfone podría irse durante unos meses al año, pero el resto del tiempo tendría que pasarlo con él. El mito cuenta que durante los meses que la joven estaba con su madre Deméter, las tierras y los cultivos eran abundantes, pero que cuando ella volvía al Inframundo, el frío y la escasez llegaban a la naturaleza. Así explicaron los griegos las estaciones: mientras Perséfone permanecía con su marido, su triste madre descuidaba la tierra, dando paso al invierno y al otoño, pero cuando su hija volvía, la alegría que irradiaba llegaba a cada rincón, a cada raíz, haciendo el mundo florecer con la primavera y el verano.

Proserpina está situada en un lugar oscuro que podemos deducir que es su palacio, y solo al fondo se puede intuir una luz exterior. Esta luz simboliza el mundo de los vivos, al que Perséfone tiene que darle la espalda para permanecer en el mundo de los muertos. Vemos unas ramas que completan la composición y siguen la misma línea curva que el abundante cabello de la protagonista. Perséfone es una figura casi estática, apenas se intuye algo de movimiento en sus manos y en sus ropajes, pero el foco principal es su rostro, su cara pensativa que reflexiona tristemente sobre su destino. Abajo encontramos un cáliz con incienso, que alude al misticismo y lo espiritual que representa el Inframundo.

El arquetipo femenino toma especial relevancia en el prerrafaelismo, poblado de femmes fatale y de doncellas en apuros, pero lo que hace especial a la figura femenina prerrafaelita es que en muchos casos bebe directamente de modelos reales, casi siempre de musas que obsesionaron a sus pintores y que prestaron sus rasgos e incluso su carácter a las mujeres que aparecían en las obras literarias que se representaban pictóricamente.

En la obra de Dante Gabriel Rossetti es donde más encontramos esta representación de mujeres reales como arquetipos concretos según afectasen dichas mujeres a la vida sentimental del pintor. Representó a muchas de sus musas, como Fanny Conforth y Alexa Wiliding, también recurrentemente a Annie Miller, pero sin duda la protagonista de sus obras era Jane Morris, esposa de William Morris. 

Su belleza heterodoxa cautivó al pintor, que la retrató en algunas de las obras más destacadas del movimiento artístico de mediados del siglo XIX. Una exposición ilustra la fijación artística y emocional de Rossetti por su musa, a la que veneró y mitificó mostrándola como una diosa inalcanzable. Se exhiben también un tapiz realizado por Jane Morris y fotos y dibujos que le hizo en la vejez la artista Evelyn de Morgan.

Algo desgarbada, larguirucha y de pelo oscuro y encrespado Jane Burden (1839-1914) —conocida como Jane Morris tras casarse con el artista, escritor e intelectual William Morris— no se ajustaba a los cánones de belleza victorianos que encumbraban a la mujer angelical de tez de porcelana, pelo claro y un cuerpo con curvas.

Fue precisamente el aspecto heterodoxo, acentuado por una mirada inquisidora y profunda, lo que cautivó a Dante Gabriel Rossetti en cuanto la vio. 

Jane, casada con William, mantenía una pasional y tormentosa relación con Dante Gabriel Rossetti. William Morris estaba al tanto de ello y era permisivo, pero esto no quiere decir que no lo sufriese. Rossetti también sufría por no poder poseer a Jane de forma exclusiva, por tener que compartirla con su socio y colega.

En “Sueño de día” (1880) representa a Jane como una joven luciendo un traje de seda verde y parcialmente oscurecida por la sombra que le brindan las hojas del sicómoro. Sobre su cabeza y alrededor de la misma, las ramas del árbol simulan abrazarla, al mismo tiempo que parece que la figura de la mujer emerge del propio árbol, como si se tratase de una dríada o una ninfa. La joven aparece retratada en un entorno verde con un romántico vestido de seda ancho y suelto el cual fluye en elegantes pliegues hacia abajo, mezclándose con las hojas del árbol y conectando con el ambiente de la obra. La mujer se halla inmersa en sus sueños, con la mirada en dirección a algo que solo puede ser percibido por ella, resultando por lo tanto invisible para el espectador.

Morris aparece sentada en la rama sujetando con su mano izquierda un tallo de madreselva, símbolo del amor en la era victoriana e indicativo a su vez del amor secreto entre Rossetti y Jane, mientras que el libro refleja la pasión de esta última por la lectura.

La representación de la joven elegante rodeada de ramas y hojas añade un sentimiento oculto a la pintura, probablemente el carácter furtivo del idilio entre Rossetti y Morris o la clandestinidad del lugar mostrado en el cuadro, el cual se caracteriza por su oscuridad, si bien alrededor de los hombros de la mujer se perciben destellos luminosos de color azul, indicativo de que se trata de luz diurna.

En 1871 el pintor representa a Jane Morris como Pandora. Pandora en la mitología griega, fue la primera mujer creada por Zeus que la dotó de todos los dones. El don de Zeus consistió en una hermosa caja, que se suponía contenía tesoros para Prometeo, pero le dijo a Pandora que la caja no podía abrirse bajo ningún concepto, lo que Pandora prometió a pesar de su curiosidad. Cuando Epimeteo conoció a Pandora se enamoró locamente y se casó con ella aceptando la caja como dote.  Un día Pandora, que era muy curiosa, no pudo aguantar más, le quitó la llave a Epimeteo y abrió la caja, de la que salieron cosas horribles para los seres humanos como enfermedades, guerras, terremotos, hambres y otras muchas calamidades. Al darse cuenta de lo que había hecho Pandora intentó cerrar la caja, pero sólo consiguió retener dentro la esperanza que, desde entonces, ayuda a todos los hombres a soportar los males que se extendieron por toda la tierra. Rossetti elige para la representación el momento en que Pandora, vestida con una larga túnica roja, abre una pequeña caja decorada con piedras preciosas.


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